sábado, 19 de mayo de 2012

Crónicas de aventura. Página 10.

Lo que el Ojo no Ve. Parte 6

Enormes y sedosas telarañas cubrían toda la estancia. Furio, el guerrero, usó una antorcha para abrirse camino. La salida les llevó hasta una oscura gruta donde descansaba un viejo anden de maderas podridas y junto a éste, unas pequeñas vías se adentraban hacia la oscuridad más profunda del interior de la mina. Un par de vagonetas descansaban sobre las vías con el freno echado. El resplandor de las llamas de las antorchas les hizo descubrir en lo alto de la gruta varios pares de ojos, de lo que sin duda eran arañas, muy grandes, y con total seguridad, venenosas.

Decidieron montarse en una de las vagonetas, Auryn fue la primera en saltar al interior, seguida de Furio, el mago Purpurio, acompañado del zorro Swift se disponía a subir cuando sintió un dolor punzante en la yugular. Tenía en su espalda una enorme araña que le mordía el cuello, rápidamente Furio y Auryun atacaron a la araña y consiguieron acabar con ella. El mago sentía como el veneno circulaba lentamente por sus venas, como si su sangre se hubiera espesado. Varias arañas se acercaban, así que subieron al mago a la vagoneta y quitaron el freno. La situación era crítica, Purpurio estaba cada vez más blanco, el veneno no tardaría en acabar con él. Sacó la varita que tantas y tantas veces les había sanado, pronunció las palabras mágicas y clavó la punta sobre la herida. Durante un momento, la varita brillo con un color blanquecino, hasta pasar al negro más absoluto. Purpurio consiguió recuperarse, pero la varita había gastado todo su poder.

Las vías estaban construidas sobre una plataforma de madera y vigas, las ruedas chirriaban constantemente mientras la vagoneta se deslizaba traqueteando a toda velocidad por la plataforma, que temblaba peligrosamente a su paso. La caverna se ensanchó a su alrededor convirtiéndose en una enorme sima vacía. De pronto, algo rozó sus rostros: seda... de tela de araña.

Una araña aterrizó sobre la parte delantera de la vagoneta, pero antes de que pudiera siquiera sujetarse, la Elfa le propinó una patada enviándola al vacío. Le siguió otra araña, esta vez por un lateral, fue Furio quien con el pomo de su espada consiguió deshacerse de ella. La vagoneta cada vez iba a más velocidad, y a su vez, chirriaba con más fuerza, otras dos arañas aterrizaron en la vagoneta, una de ellas consiguió asirse con fuerza y lanzar un mordisco sobre Furio, pero el guerrero consiguió poner su espada delante la enorme boca de la araña de la cual goteaba el peligroso veneno, y acto seguido, le propinó un buen tajo, Auryun, ayudaba por Purpurio, hicieron lo propio con la otra araña.

La vagoneta fue disminuyendo la velocidad a medida que se acercaba al final de la vía en un viejo anden. El lugar parecía peligroso, una puerta daba acceso a una pequeña sala con varios bancos y una talla de madera de alguna deidad que el tiempo la había hecho irreconocible. Entre unos cristales rotos encontraron un par de viales intactos, sellados con cera, parecían pócimas curativas, que no dudaron en guardar. Tras otra gran puerta, accedieron a un pasillo, al final de este, una estatua de granito blanco, que representaba una doncella guerrera con un hermoso casco y una espada larga les cerraba el camino. Tras ella, pudieron encontrar una puerta secreta. Por fin consiguieron llegar hasta su destino. La cúpula era un pozo octogonal de 20 metros de radio con paredes de alabastro grabadas con símbolos sagrados. El suelo de la sala era una plataforma de piedra con forma de cruz y construida sobre el vacío, sin vallas o protecciones, un peligroso vacío que se perdía en las oscuras profundidades de la montaña. En uno de los extremos de la cúpula, pudieron ver una plataforma grabada con un pentáculo estrellado del que emanaba una luz plateada, y donde ardía en un pebetero de piedra, envuelto por una llama azulada, un ojo de metal azulado-negruzco.

Apenas pudieron observar el lugar, pues desde otro de los extremos, donde la plataforma que se elevaba sobre el abismo era más ancha, se abrió una puerta de granito oscuro. Varios goblins entraron a toda prisa seguidos de un elfo alto y fibroso, con una larga melena oscura y cubierto con una máscara. Junto a él, un hombre encorvado, vestido con ropas exóticas y con un turbante ya desenvainaba su cimitarra. Ante una orden del elfo, los goblins se lanzaron al ataque, seguidos por el visirtaní, Furio apartó con una mano a uno de los goblin preparándose para recibir al guerrero con turbante. Purpurio usó su bastón para golpear a otro goblin y lanzarlo al vacio con un grito de terror ante la caída. Auryn se percató del peligro que suponía el oponente de su propia raza, sabedora de los peligrosos hechizos que podría ejecutar, se apresuro a ejecutar ella un conjuro con la esperanza de ser más rápida que el elfo, y así fue, desde los dedos de Auryn surgió un proyectil luminoso que impactó en el elfo, quien perdió la concentración necesaria para ejecutar su hechizo. Furio, consiguió acertarle con su espada al visirtaní provocándole una importante herida en un costado, Purpurio, aún cansado por los efectos del veneno, luchaba como podía con su bastón intentando detener el ataque de los goblins, Furio se lanzó contra su objetivo atravesándole el estomago con una excelente estocada, para, acto seguido, ir a por el elfo, pero Auryn gritó con fuerza:

- ¡¡ Que nadie se acerque al Elfo !!

Su voz debió sonar como una orden mágica, porque Furio se detuvo en seco, no sin antes aprovechar para golpear a uno de los pocos goblins que quedaban en pie mientras observaba como el elfo movía las manos preparando un nuevo hechizo. Auryn había sacado un pergamino de su cinturón y lo leía tan rápido como podía, y tan lentamente como debía. Todos se asustaron cuando de pronto, pudieron ver como aparecieron varias imágenes idénticas del Elfo, pero el susto duró poco, Auryn terminó de leer el pergamino, una pequeña esfera de fuego salió disparada hacia el Elfo, cuando llegó a su altura, la pequeña esfera se convirtió en una enorme bola de fuego que le quemo gran parte del pelo y las ropas. El elfo estaba de rodillas en el suelo tratándo de incorporarse cuando através de la humareda que había causado el fuego, apareció la espada de Furio. Con el terrible impacto, el Elfo cayó hacia el vacío. Los ojos se le tornaron de un color rojizo, Furio estuvo tentando de lanzarse al vacío para rematar al Elfo, pero estaba seguro de que el tajo había sido mortal.

Decidieron dejar el ojo en el lugar en el que había permanecido durante años, así que volvieron por donde habían venido. Esta vez, taparon la vagoneta con varios tablones para evitar los ataques de las arañas.

Cuando salieron de la mina, se encontraron con un regimiento que la reina había enviado, guiados por Falkgard, burgomaestre de Castamir, quien agradeció al grupo su enorme ayuda. Furio les sugirió que pusieran una guardia permanente en la entrada de la mina para evitar que nadie se llevase el ojo. Por el momento, así lo harían, pero deberían decidir que hacer con el ojo, si lo habían encontrado una vez, podrían volverlo a encontrar.

jueves, 19 de abril de 2012

Crónicas de Aventura. Página 9.

Lo que el Ojo no Ve. Parte 5

La capilla hasta la que llegó el grupo era pequeña, excavada en roca viva y con dos estatuas de piedra de antiguos dioses. Las estatuas, desgastadas por el paso del tiempo, mutiladas salvajemente por los trasgos y pintadas obscenamente apenas reflejaban sus rasgos originales. Como les había indicado el Elfo Garth, tras una de las estatuas, un ladrillo suelto dejaba entrever un mecanismo. Al activar el mecanismo parte de la pared se desplazó con un fuerte crujido dejando a la vista un oscuro pasillo.

Encendieron las antorchas y atravesaron el pasillo llegando hasta unas escaleras de caracol que descendían hacia la oscuridad. Una vez abajo, tras una puerta, llegaron a una habitación con un armero metálico oxidado. Junto a él, su contenido yacía desparramado. Furio se adelantó para ver las armas. Una espada envainada le llamó la atención, al desenfundarla parecía brillar con un frío violáceo. La empuñadura tenía grabadas runas enanas. El guerrero la guardó entre sus posesiones. Había una puerta en la pared norte, salieron a un largo y silencioso pasillo donde pudieron ver tres puertas.

Revisaron las salas, en la primera no hallaron nada, la segunda, una sala llena de cascotes del techo y paredes, tenía una gran puerta de aspecto sólido al fondo. Fueron a examinarla. Estaba cerrada y no parecía de fácil apertura, así que decidieron tirarla a la fuerza. Cogieron una viga caída, y comenzaron a golpear la puerta. Cada golpe era más fuerte que el anterior, la puerta parecía que caería en cualquier momento, estaban apunto de asestar el golpe final, cuando la puerta cayó, pero para sorpresa del grupo, no del lado que esperaban, sino que cayó como si algo la hubiera empujado desde el otro lado, un olor a amoniaco inundó la estancia, el terror se dibujo en sus rostros cuando tras la puerta, vieron una masa verde traslúcida deslizarse hacia ellos. Los miembros de la orden del libro corrieron de vuelta presas del miedo. Auryn fue la primera en salir de la sala, Furio iba rebuscando algo en su mochila, Purpurio, seguido del zorro Swift, cerró la puerta al salir al pasillo. Volvieron hacia las escaleras de caracol, por fin Furio encontró lo que buscaba, un bote de aceite. Volvió al pasillo, al ver al cubo gelatinoso le lanzó el aceite seguido de una antorcha, y comenzó a arder. El pasillo se lleno al momento de gas con olor a amoniaco.

Esperaron a que se disipara el gas, y fueron por la puerta por la que había aparecido el Cubo gelatinoso. El acceso daba a una sala llena de grandes telarañas, por el tamaño de estas, las arañas que las hubieran tejido debían tener un tamaño realmente grande. Al fondo de la sala, entre las telarañas, podía entreverse lo que parecía una puerta. La Elfa echo una rápida mirada, pero no vio ninguna araña, aun así, el mago sugirió volver hacia atrás, no le gustaban mucho las dichosas arañitas. Furio le convenció de que el fuego era la solución para cualquier situación, así que prendió fuego a las telarañas y cruzaron la puerta de la sala. Llegaron a un cuarto lleno de herramientas y estantes, todo cubierto por enormes telarañas, en la pared de la derecha, un marco sin puerta dejaba entrever un apeadero de madera roída junto a unas vías sobre las que descansaban varias vagonetas.

Habían dejado una puerta sin investigar. Volvieron al pasillo, los restos del cubo gelatinoso seguían emanando el fétido gas. Pasaron intentando no respirarlo. Tuvieron que echar la puerta abajo para poder entrar. En el interior de la sala encontraron un cofre de madera vieja reforzado con tachuelas de bronce y una cerradura también de bronce.

Purpurio recordó en ese momento lo sucedido con los cofres de la torre de la ciénaga, en el gran pantano, así que se acercó para mirar con mucho detenimiento si pudiera haber algún tipo de trampa.
La sorpresa fue mayúscula cuando el cofre abrió una enorme boca llena de puntiagudos dientes que se lanzaron a morder al confiado mago, la dentellada fue casi mortal, en un momento la sangre del mago bañaba la estancia.
Furio desenvainó la espada que había encontrado, lanzó su ataque pero perdió su atención cuando vio como la espada iba dejando un ligero rastro de escarcha en el aire y no consiguió impactar al cofre. La arquero elfa disparó su arco, la flecha se clavó en el cofre, y un hilo de sangre brotó de él acompañado un estridente chillido, lo que hizo que soltara al mago, quien aprovechó el momento para retirarse y con la palabra de mando Arkium, usó su varita para curarse. Furio volvió a lanzar un nuevo ataque, esta vez no se dejo dislumbrar por su nueva espada impactando en el cofre, pero no le produjo un gran daño, sin embargo, la dentellada que el cofre asestó al guerrero hizo que este perdiera la consciencia. El mago tuvo que volver a usar la varita para sanar al guerrero. Auryn seguía lanzando flechas, el cofre seguía mordiendo al guerrero, ya se había comido sus pantalones y parte de su muslo, la situación era angustiosa, el mago volvió a lanzar un rayo desde su varita para curar a Furio, el zorro swift estaba en una esquina presa del miedo. El guerrero recuperó la consciencia, cuando una de las flechas de la elfa impactó nuevamente en el cofre, aprovechó para separarse, el mago disparó su ballesta, el guerrero lanzó una nueva estocada, consiguieron herir varias veces a cofre, hasta que este retrocedió hasta una esquina, y con un extraño sonido, emitió un lastimero lloriqueo acompañado de varias palabras en común con un singular acento:

-Dejarmeee... snif... perdónnn...-
-¿Porque nos has atacado?- Preguntó Purpurio ante una situación tan surrealista.
-Porque tenía hambre... snif...- Respondió.
-¡¡¡ Pero matadlo y ya está !!!, ¡¡ Maldita sea !! - Estalló el guerrero en medio de la conversación, mientras se tocaba el muslo de su pierna donde tenía las marcas de los mordiscos que le habían dejado una ligera cojera.
-Nooo, nooo matarrr noooo... snif!... dadme algo de comer... por favor... el zorro por ejemplo...- Siguió diciendo el cofre, pero ese fue su gran error, Purpurio apuntó con su ballesta, y con un disparo certero hizo callar al cofre para siempre. El grupo no se creía lo que había ocurrido, la elfa quería mirar dentro del cofre, hasta que descubrió que el cofre era un ser vivo, el guerrero no salía de su asombro ante semejante criatura, ¿que otros seres podría encontrarse en las entrañas de las minas? Pronto lo descubrirían.

Parte 6. Próximamente.

miércoles, 18 de abril de 2012

Crónicas de Aventura. Página 8.

Lo que el Ojo no Ve. Parte 4

El plan había salido según lo previsto. Habían conseguido capturar con vida a dos de los cuatro goblin. Furio tenía ante sí la posibilidad de dar rienda suelta a su mayor divertimento, torturar bichos verdes. La primera respuesta del trasgo estuvo acompañada de un sonoro golpetazo. Furio no se detuvo ante los lamentos y súplicas. Al parecer, uno de los trasgos, de nombre Dagg, sabía como llegar hasta la vieja mina, así que, a modo de amenaza, el guerrero clavó una daga en la cabeza del otro:

-¿Seguro que sabes ir?, ¿no? - Le dijo al asustado Dagg.
-Sssiii- Tartamudeó el trasgo.
-Bien, pues para asegurarme de que no me engañas, te voy a partir la cara un rato.- Terminó diciendo Furio.

Después obtuvieron algo más de información, el Elfo que los comandaba había utilizado magia para castigarlos. Llevaba varios meses en las montañas, donde les estuvo entrenando. El visirtaní que le acompaña, un tal "Tenazas", al parecer tenía la habilidad de hacer hablar a la gente. Purpurio apuntó que seguramente se llevarían muy bien el visirtaní y Furio.

Al parecer, en la vieja mina, había otro campamento donde habría decenas de trasgos, allí llevaban a la gente que secuestraban para hacerla trabajar a la mina, pero desconocía como se estaba envenenando la gente.
Con esta información, partieron camino de la vieja mina, llevaban a Dagg amordazado y atado, serviría de guía. Y quien sabía, si para algo más.

Caía una ligera llovizna mientras avanzaban por el bosque. No tardaron en llegar a la base de las montañas. La ascensión se hacía complicada en algunos puntos, y el suelo embarrado no era de ninguna ayuda. El cansancio acumulado del día se convertía en dolor para las piernas. Auryn sugirió que sería un buen momento para descansar tanto el cuerpo como la mente, y así poder estudiar algún conjuro al día siguiente. Sus compañeros estuvieron de acuerdo.

Por la mañana emprendieron la marcha, tras discutir sobre la manera de avanzar, decidieron que en primer lugar avanzaría el goblin, Furio iría detrás, sujetándolo como si de un perro se tratase, después el mago, acompañado del pequeño zorro, y cerrando la marcha, la arquero elfa. Durante la ascensión, todos tuvieron la sensación de ser observados, así que Furio preguntó al goblin, quien le informó de que más arriba era posible que hubiera algunos vigías que solían preparar emboscadas. El mago quiso dejar libre al pobre Dagg, pero un gesto del guerrero dejó bien claro que esa no era su intención por el momento.

El camino era de piedra enana, cada vez más estrecho. A la izquierda del grupo un escarpado y peligroso talud mantenía al grupo en tensión. Fue el mago quien se percató de un destello metálico decenas de metros más arriba. Ante el peligro de una posible trampa, echaron a correr, al momento, una avalancha de rocas se precipitaba hacía ellos por la ladera de la montaña, el estruendo fue enorme cuando las rocas pasaron justo a espaldas del grupo.

Sin duda, la buena vista del mago, les había salvado la vida, pero frente a ellos, descendían a todo correr cuatro goblins armados con pequeñas lanzas, la Elfa no dudo en disparar su arco, la flecha voló hasta el pecho del goblin más adelantado, cayó al suelo desangrándose, el mago no era tan certero con su ballesta, por lo que apuntó esperando que su objetivo se acercase un poco más, el guerrero tiró con fuerza de la cuerda que sujetaba a Dagg tirándolo al suelo, no quería que escapase con la confusión de la pelea, luego sacó su espada. Los goblins estaban muy cerca, el mago disparó la ballesta, el virote voló en buena dirección, pero el goblin se giró en el último momento y apenas le rozó un brazo. Auryn no encontraba sitio para realizar un buen disparo, así que lo hizo como pudo, pero la flecha se perdió por las montañas. Llegó el primero de los goblin, que se llevo un espadazo del guerrero en el costado, aún así, lanzó un ataque con la lanza, pero el dolor del costado no le permitió estirar lo suficiente el brazo y falló en su intento. Un segundo goblin se lanzó también a por el guerrero, y con algo de suerte, consiguió impactarle en el muslo. La elfa recibió el tercer ataque, sintió un fuerte dolor en el brazo, donde la lanza se le clavaba con fuerza. Apartó el brazo dejando un reguero de sangre, con la otra mano sacó su espada, con un rapidísimo movimiento, la clavó en el vientre del goblin y con una patada, lo lanzó precipicio abajo. Junto a la elfa, el espadón de Furio partía por la mitad a uno de los goblin. Solamente quedaba un enemigo, al ver la situación, se giro preparado para correr, pero la elfa fue nuevamente más rápida y le ensartó por la espalda.

Un par de horas de camino más tarde, consiguieron llegar al campamento trasgo de la vieja mina. Un riachuelo descendía por la montaña paralelo a los edificios que ahora servían de refugio a los goblins. Pudieron ver a un par de ellos subidos en una torreta que en antaño debió de servir a modo de grúa en la mina vigilando la entrada. El resto de goblins parecían estar trabajando y recogiendo el campamento. En un lateral, junto al riachuelo, en toscas jaulas de madera atadas con cuerdas se encontraban los prisioneros, hombres y mujeres separados en diferentes jaulas, desnutridos, enfermos y débiles. Purpurio quiso liberar a Dagg, pero Furio fue firme en su decisión, y no solo no le dejó libre, sino que ante el peligro que suponía mantenerlo con vida, optó por degollarlo.

Tras discutir un plan de actuación, decidieron que el mago haría uso de un poderoso conjuro con el que dormir a los vigías de la torre, no fue complicado, la poderosa magia de Purpurio hizo que los dos trasgos durmieran plácidamente. Acto seguido , ascendió por las escaleras hasta la parte alta de la torre encargándose de eliminar a ambos trasgos. Auryn y Furio se acercaron hasta las jaulas. No había nadie vigilándolas, así que pudieron acercarse sin problemas. Unas cadenas con un gran cerrojo las mantenía cerradas, así que optaron por no internar abrirlas por el momento y obtener información de las personas enjauladas. Al parecer las llaves las tenía un hobgoblin que siempre iba sobre un jabalí, un tal Diente de Lobo. Al parecer los mantenían ocupados excavando, debían de estar buscando algo. Mencionaron el nombre de Garth, en ese momento a Auryn se le iluminó la cara.

-¿Está aquí Garth? - Preguntó. Le señalaron a un viejo Elfo tumbado en la jaula al borde de la muerte.
-¿Y Eburno? - Volvió a preguntar. Pero en este caso, la respuesta fue negativa.
Fue complicado calmarles ante las suplicas de ayuda, querían que les liberasen, temían por sus vidas, pero a Furio le pareció demasiado peligroso. Acercaron a Garth para que pudiesen hablar, y fue él quien les contó la situación.

No había visto a Eburno, le secuestro en su hogar un numeroso grupo de trasgos y lobos, querían conocer el paradero del Ojo, les repitió varias veces que no había tiempo, el Ojo estaba en peligro y debían protegerlo. Quisieron saber que era El Ojo, Garth les dio una rápida respuesta. El ojo fue forjado con un extraño metal caído del cielo en un meteorito, y en esa filatería, residía el alma de un terrible mago llamado Avalazan que se convirtió en liche. El elfo, de nombre Rozzark es quien buscaba El Ojo en la mina, ellos debían encontrarlo antes que Rozzark. Además, les dió las indicaciones de como llegar por un camino secreto hasta El Ojo, una capilla con una puerta secreta junto a la entrada a la mina.

Parte 5.

viernes, 13 de abril de 2012

Crónicas de Aventura. Página 7.

Lo que el Ojo no Ve. Parte 3

La carta que Rainus tenía en la mano le había preocupado, pero no sorprendido. Eburno era uno de los hombres más eficientes de la orden, si no había vuelto, es que sin duda, algo malo había sucedido. Sin duda, Purpurio y Auryn habían demostrado que pese a sus pequeños errores, tenía un gran potencial, pero no quería arriesgarse. Furio había despertado, parecía recuperado, quizás unos brazos fuertes y una espada afilada pudiera venirles bien, así que envió al guerrero hasta Marvalar.

Tras varios días de viaje, alcanzó la gran capital del reino. En la entrada, los guardias le comunicaron que sus compañeros habían partido hacia un pueblo cercano, llamado Castamir. Recorrió el camino de la costa, tomó el desvío a través del bosque llegando hasta el ahora, desértico pueblo. Las casas habían sido abandonadas, animales muertos por los alrededores... solamente quedaban varios sacerdotes adoradores del Hacedor quienes le indicaron el camino a seguir, debía caminar hasta Rocagris, donde llegó al final del día. Allí encontró a sus compañeros, Auryn, Purpurio y Morden quienes le contaron lo que estaba sucediendo.

Furio había pasado mucho tiempo en coma, así que no dudo en comenzar a organizar al grupo. Casi antes de que terminaran de contarle todo lo sucedido, su mente comenzó maquinar y sugirió un plan. Crear una caravana falsa utilizando a varios enfermos de Castamir para atraer a los trasgos y así poder seguirlos hasta el campamento. A la mañana siguiente, consiguieron que varios jóvenes de Castamir les ayudasen, incluso consiguieron llevar en las carretas varios cadáveres sin familia. La improvisada caravana partió desde Rocagris, caminando con lentitud y haciendo el suficiente ruido como para ser detectados, lo que no tardó en ocurrir. Varios trasgos montados en lobos surgieron de la espesura. Los jóvenes ya preparados, echaron a correr y en un abrir u cerrar de ojos, los trasgos convirtieron en cenizas la falsa caravana. Los jóvenes de Castamir pudieron huir, y Auryn, Purpurio y Furio, consiguieron seguir el rastro de los trasgos hasta la nueva ubicación del campamento.

Una vez allí, decidieron esperar y conocer los movimientos de los trasgos, necesitaban saber que hacían con las personas que secuestraban y como envenenaban a la gente. Vieron entrar y salir varias patrullas de trasgos. También vieron como cuando se aburrían, golpeaban a las personas que estaban en las jaulas. Dudaban como actuar, pero lo que el mago y el guerrero dejaron claro, es que debían de torturar a uno de esos malditos trasgos.

Durante la noche, llegó un nuevo grupo de trasgos junto con sus lobos. Separaron a 10 personas entre gritos y lamentos, les ataron entre ellas, y salieron del campamento. Los aventureros les siguieron, pero no se percataron de un trasgo que salió más tarde desde el campamento y consiguió descubrirlos y dar la voz de alarma. El mago con un hechizo durmió a los atacantes, agarraron al trasgo y se fueron tan rápido como pudieron.

Hasta sus oídos les llegó una hermosa melodía, siguieron el sonido hasta un pequeño claro donde una driada tocaba la melodía junto a un lobo, bajo un enfermo abedul. La hermosa criatura les contó que algo había hecho enfermar el anciano árbol, así como a los animales del bosque. La driada hechizó con su voz al trasgo que traía el grupo, y pudieron sacarle algo de información. Al parecer secuestraban a los humanos para llevarlos a la vieja mina en las montañas. La eminencia, un Elfo, parecía estar al mando del clan de los trasgos liderados por el Hobgobling Diente de Lobo. Al Elfo le acompañaba un Visirtaní de nombre "tenazas". El trasgo no conocía la ubicación de la vieja mina. Así que optaron por volver al monasterio de Rocagris.

Mientras volvían, se encontraron con un pequeño zorro que estaba atrapado en un cepo. El mago abrió el cepo con la ayuda de la elfa, le dió algo de comer y le bautizó al zorro con el nombre de Swift. Siguieron hacia su destino, seguidos por el pequeño zorro, Swift.

Cuando llegaron al campamento anexo a Rocagris, una pequeña niña se acercó hasta Purpurio, tras acariciar al zorro que seguía al mago, la pequeña pidió al mago que salvase a su padre, los trasgos le mantenían secuestrado, se llamaba Edgar. Purpurio, prometió a la pequeña niña que rescataría a su padre. Hablaron con la hermana Nalha y las gentes de Castamir, pero nadie conocía la vieja mina. Así que decidieron volver hasta el claro donde encontraron a la driada, de nombre Dendora para hablar con ella, pero no pudieron encontrar respuestas.

Decidieron volver a buscar el campamento de los trasgos. De camino por el bosque vieron una pequeña columna de humo que salía a unos 200 metros. Descubrieron a cuatro trasgos alrededor de una pequeña hoguera. Purpurio apuntó su ballesta con calma, Furio hizo lo propio, Auryn, la elfa, tensó su arco. El virote del mago se clavó en la yugular de uno de los trasgos que cayó desangrándose, Furio impactó en el brazo de uno de los trasgos, y Auryn simplemente le paso rozando la pierna a otro. Ante el ataque, los trasgos se levantaron e intentaron huir, el mago se lanzó a todo correr sobre uno de los trasgo aprensandole contra el suelo, Siwft, el pequeño zorro mordía el tobillo del trasgo, Furio corría gritando a los trasgos palabras de muerte y destrucción mientras atravesaba la espalda de uno de sus enemigos y Auryn disparaba su arco sin parar. En un momento tenían la situación bajo control.
parte 4

martes, 3 de abril de 2012

Crónicas de aventura. Página 6.

Lo que el Ojo no Ve. Parte 2

Morden estaba ya bastante cansado y se alegró al ver en el horizonte la gran ciudad. Purpurio, sin embargo, estaba bastante preocupado. La nota indicaba que debían seguir la ruta hasta Marvalar, no llegar hasta la ciudad, y no habían encontrado ningún rastro. Era ya tarde, y la puerta Norte estaba cerrada, por lo que tuvieron que caminar hasta la puerta Este, donde había una larga cola de comerciantes que esperaban para poder entrar, mientras el centurión despachaba las licencias de ventas.

De pronto, un rumor se elevó entre los comerciantes, por el camino hacia la puerta galopaba a toda velocidad un caballo desbocado. Iba en dirección de la entrada, repleta de gente, en un momento, comenzaron a mover cestos, el mago y la elfa ayudaron a mover un carro, el caballo estaba ya a pocos metros de la puerta cuando una niña salió a recoger un cestillo que se le había caído. Purpurio y Auryn no dudaron en lanzarse a por ella, el mago fue el primero en llegar y consiguió quitarla de en medio, Auryn, que no había visto a Purpurio, se detuve quedando justo frente al caballo desbocado que le propinó tal golpe que casi le rompe una costilla.

Consiguieron calmar al caballo en medio de la plaza, el centurión de la guardia bajó a un niño del caballo, tenía una flecha en el hombro, sin duda, de manufactura trasgoide. Entre delirios, el niño con aspecto enfermo, alza su mano:

-La caravana de Castamir... Papa, quiero quedarme contigo.

El centurión mandó a unos soldados a por caballos, había gente de la Marca en peligro. Purpurio y Auryn les acompañaron, Morden, prefirió quedarse en la ciudad, cuidando de la paloma mensajera.
Cabalgaron por el Camino de la Costa bordeando el Bosque Real para tomar poco después el desvio hacia Castamir. El camino era muy estrecho, cabalgaban en fila cuando pudieron ver varias carretas aparecer por el camino, y entre los árboles, varios trasgos montados en enormes lobos persiguiendo las carretas. Se dispusieron paralelos a las carretas llenas de gente. Purpurio, consiguió ejecutar un hechizo a pesar de ir en caballo, consiguiendo dormir a varios trasgos que cayeron de sus monturas, Auryn luchó con varios de ellos que trataban de subir y detener las carretas. Las flechas volaban desde el bosque en todas direcciones, las gentes de Castamir gritaban, el centurion no dejaba de dar órdenes a sus hombres mientras espada en mano, luchaban por proteger a los ciudadanos de la Marca. Cuando consiguieron salir del bosque, los trasgos no los siguieron. Habían conseguido salvar la caravana.

Ya de vuelta en Marvalar, el centurion hizo pasar a Purpurio y Auryn al interior de una de las torres de la barbacana para agradecerles su ayuda. Al momento, entró el conductor de una de las carretas presentándose como Falkgard Kaveath, burgomaestre de Castamir (y noble de confianza de la reina). Quien además de agradecerles su ayuda, les contó los extraños sucesos acaecidos en Castamir en las últimas semanas:
-Los trasgos habían comenzado a atacar las granjas durante la noche, y llevarse gente. Han desaparecido docenas de personas, además, los trasgos son muy disciplinados, e incluso llevan un estandarte con el símbolo de una daga clavada en un ojo.- Contaba Falkgard con tono triste.
-Y por si fuera poco, desapareció la pesca y el ganado comenzó a morir, y luego... la maldición... La gente empezó a sufrir ataques, locura, ceguera, y finalmente, la muerte. Muchos decidimos volver en esta caravana, otros, han ido al monasterio de Rocagris.

Después de su narración, el burgomaestre de Castamir, pidió a Purpurio y Auryn que investigasen lo sucedido, serían bien recompensados por ello.

Pasaron la noche descansando, Auryn se pudo recuperar del golpe del caballo, pero la costilla seguía doliendo. Por la mañana temprano, pusieron rumbo Castamir, acompañados por Morden. Cuando llegaron a Castamir, se encontraron con unos bandidos saqueadores de granjas que habían capturado a una niña de unos 12 años, con un simple gesto y unas palabras, el hechizo de Purpurio hizo dormir a los bandidos. Rescataron a la niña quien tenía evidentes síntomas de alguna enfermedad. La ciudad era un pueblo fantasma. El hedor a muerte inundaba las calles. Se encontraron con varios monjes del Hacedor, recogiendo los cuerpos de los fallecidos que llevaban al cementerio. Allí, uno de los monjes examinó a la niña, aconsejando que terminasen con su sufrimiento cuanto antes, pero Purpurio se negó rotundamente.

Decidieron ir hasta el monasterio de Rocagris. Cuando llegaron pudieron ver que al monasterio original se le habían añadido varios edificios más, y todo rodeado de una alta muralla exterior dándole un aspecto de fortaleza. En la explanada frente al camino encontraron decenas de tiendas de campaña improvisadas. Pequeños corrillos de refugiados enfermos y con aspecto ausente trataban de entrar en calor junto a pequeñas hogueras. Al llegar, conocieron a la hermana Nalha, quien se ocupó de poner en una improvisada cama a la pequeña niña enferma que los aventureros habían rescatado en Castamir. Ella misma les informó de que el prior Bigar no permitía la entrada de nadie en el monasterio, para que no entrara la maldición. Aunque ella había conseguido convencerle para permitir que los más enfermos pudieran descansar en el hospital del monasterio.

Mientras hablaban con ella, llegó un joven que se había escapado del campamento trasgo donde le tenían secuestrado, por la descripción, Nalha adivinó el lugar y dibujó un mapa. Cuando Purpurio, Auryn y Morden se preparaban para irse, una joven con una cota de cuero y una espada se les acercó. No parecía tan enferma como el resto, y les pidió ir con ellos en busca de los secuestrados por los trasgos, y ellos, aceptaron encantados.

Partieron en busca del campamento trasgo. Gracias a las indicaciones, no les fue difícil encontrarlo. Varias tiendas pequeñas, junto a un par de tiendas grandes rodeaban un fuego donde se calentaban varios trasgos. En un costado atados, descansaban los enormes lobos de los trasgos, y muy cerca de ellos, los habitantes secuestrados de Castamir estaban enjaulados. Purpurio y Auryn dispararon sus flechas hacia los trasgos de la hoguera. Consiguieron herir a un dos de ellos, dieron la alarma, y en poco tiempo, todo el campamento estaba repleto de trasgos. Así que el grupo, tuvo que huir de vuelta al monasterio.

parte 3

jueves, 1 de marzo de 2012

Crónicas de Aventura. Página 5.

Lo que el Ojo no Ve. Parte 1

Llevaban diez días encerrados en la biblioteca del Enclave. Auryn, Purpurio, Morden y Frey se habían pasado los últimos días copiando libros sobre la producción de cereales por orden de Rainus. No quería que salieran a las calles de Robleda tras los últimos acontecimientos. La muerte del templario de Velex había hecho crecer los rumores, todos inciertos, sobre la Orden del Libro.

Pero por fin, Rainus levantó el castigo. Era día de mercado en Robleda. Llegaban gentes de lugares lejanos, Enanos de Moru con joyas, gemas, piezas de oro... Desde Visirtán traían telas y ropas suaves y de preciosos colores. Aunque en día de mercado, Auryn y Purpurio solían disfrutar con su amigo Furio de unas partidas al juego de dados, "Navio, capitán, tripulación", sin embargo, esta vez deberían hacerlo solos, Furio aún no estaba recuperado.

Se sentaron en una de las mesas de Los Gamos, la posada regentada por Marcus Delagua. A la partida se unieron Ravad, un visirtaní vendedor de telas que había venido al mercado, y Palin, un monaguillo de Robleda que ayudaba a limpiar la iglesia de Velex.

Purpurio y Auryn ganaron varias ronda, pero de pronto, varios templarios de Velex irrumpieron en la posada, seguidos de Hextadomarius. Agarraron de los pelos al joven Palin arrastrándolo hasta situarlo ante el Clérigo Supremo, quien en plena posada, sacó su látigo y comenzó a castigar al pobre muchacho ante la atenta mirada de los asistentes. Al finalizar, Purpurio le hizo algunos comentario sarcásticos al clérigo y sus acompañantes, pero Hextadomarius respondió a sus hombres:

-Tranquilos, ya acabaremos con ellos.


Nadie más quiso jugar con la elfa y el mago, así que decidieron volver al Enclave, no sin antes llamar "gentuza" a los presentes.

Rainus hizo llamar a Purpurio, Morden y Auryn. Estaba preocupado, Eburno había salido hacía días en un viaje hasta las lindes del Bosque Viejo, donde vivía Garth, un elfo con grandes habilidades alquímicas y una casita llena de extraños ingredientes difíciles de conseguir, pero aún no había regresado con el antídoto para Furio. Si bien, ya no era necesario el antídoto, estaba preocupado por su tardanza. Por ello mandó a los tres a buscar a Eburno. Morden, que ya conocía el lugar donde se situaba la casita de Garth, llevaría un par de palomas mensajeras, Rainus quería estar informado en la medida de lo posible.

Salieron de Robleda por la puerta Este, durante varias jornadas siguieron el camino de Sendaelfo, apenas un sendero en algunos tramos. Apesar de los aullidos de los lobos durante la noche, no tuvieron ningún contratiempo, hasta que se acercaron al Bosque de las Arañas. Desconocían si había sido el constructor del camino quien lo había arrimado demasiado al bosque, o había sido el propio bosque el que con el paso de los años, había ido acercándose al camino. Desde una colina pudieron ver como el camino se unía a las lindes del bosque, por lo que decidieron caminar campo a través separándose del camino, pero aún así, no consiguieron alejarse demasiado del bosque, y unas grandes arañas salieron en su busca, pero consiguieron huir.

Finalmente llegaron hasta el hogar del elfo Garth. Seguramente había sido una bonita casita alejada de la civilización, pero cuando llegaron, la casa estaba totalmente calcinada. Junto a ella, los cuerpos de varios trasgos también calcinados junto a un árbol, ante la entrada, otro trasgo convertido en piedra, y un poco más alejados, los cadáveres de otros tantos trasgos con aparentes signos de quemaduras por rayos eléctricos. Entre ellos, encontraron una nota con un extraño símbolo, un ojo atravesado por una daga, en la que solo pudieron leer: "Capturar vivo... Ruta hacia Marvalar."

Morden envió una paloma al Enclave comunicando el descubrimiento, así como que tomarían la ruta hacia la capital del reino, Marvalar, esperando encontrar a Eburno. La ruta hacia Marvalar seguía paralela al rio El Draco. Tras varias jornadas sin incidentes, llegaron a la Fortaleza del Vado donde pudieron comprar raciones de viaje y dormir en una buena cama. A la mañana siguiente siguieron su viaje sin descubrir ningún indicio del paradero de Eburno ni el elfo Garth, hasta que llegaron a la grandiosa capital, Marvalar. Parte 2

lunes, 20 de febrero de 2012

Crónicas de Aventura. Página 4.

Asuntos Pendientes. Parte 2

Un hormigueo recorría la espalda de Auryn. El corazón le palpitaba a gran velocidad, la curiosidad, aquello por lo que decidió ingresar en la Orden del Libro, le pedía a gritos que no dejase escapar la ocasión. Purpurio no veía ninguna razón para entrar en el oscuro pasadizo, sin embargo Auryn estaba decidida. ¿Qué escondía esa extraña puerta?, ¿tesoros?, ¿conocimientos?.

El pasadizo terminaba en una losa que daba acceso a otro pasillo. Estaba atrancada con los restos de lo que parecía un goblin que tenía un gran virote clavado en la zona del pecho. Purpurio cada vez estaba más convencido de que no debían avanzar, el lugar rezumaba el fuerte olor a trampas, y Auryn por supuesto, siguió adelante. El pasillo torcía a la izquierda, pero justo en frente, en una abertura descansaba una ballesta de gran tamaño descargada. Llegaron hasta una puerta de madera, buscaron alguna trampa, no hallaron nada.

Entraron en una sala cuadrada, 3 cilindros de bronce de gran tamaño que llegaban desde el suelo hasta el techo se situaban en el centro de la estancia, cada uno con una puerta. Nada más entrar, la puerta se cerró de golpe, al momento empezaron a sentir que les costaba respirar, la elfa no dudo en tirar abajo la puerta por la que entraron, dejando entrar aire nuevo.


Cada puerta tenía un pomo del que se podía tirar, además, encima de cada pomo, grabado sobre el bronce, había un par de letras. En la puerta de la derecha, "R-M" , sobre la puerta central, "O-U" y en la izquierda, "D-E". Purpurio sospechaba que las puertas podrían contener algún dispositivo de protección, tras examinar la puerta de la izquierda, descubrió cuatro pequeñísimos orificios. Se situó a un lado de la puerta y tiró del pomo. Cuatro virotes salieron disparados de los orificios impactando en en la pared de enfrente.
Examinaron después la puerta del centro, tras 10 minutos no encontraron nada extraño. Algo llamó la atención de Auryn en el suelo frente a la puerta derecha. Unas marcas dibujaban un cuadrado, una losa que seguro, se abriría... Tiraron del pomo de la izquierda con mucha precaución, la losa frente a la puerta se abrió de golpe.

Habían conseguido sortear las trampas con éxito, pero la puerta central... la tensión se mascaba en el ambiente, casi cerrando los ojos para no ver lo que pudiera suceder, abrieron la puerta central esperando que alguna trampa se activase. Pero la puerta se abrió como cualquier otra puerta normal. Daba acceso al interior del cilindro, unas escaleras de mano descendían hacia la oscuridad. Purpurio asomó una antorcha, las escaleras bajaban apenas unos metros. Una vez más, la elfa fue la primera en bajar. Encontraron una sala llena de polvo, frente a ellos, se alzaba la estatua de bronce de dos metros y medio de alto, reprensentando a un niño alado con dos serpientes enroscadas a su cuerpo sosteniendo una varita en una mano, y la otra llena de monedas. La estatua parecía firmemente unida a la pared.
Tras examinarla de cerca, Auryn pudo observar que la varita parecía ser un mecanismo, pudiéndola mover a izquierda o derecha. La elfa tiró de la varita de cobre hacia la derecha, y la estatua comenzó a soltar un gas asfixiante. La sala se lleno del tóxico gas en un momento. Purpurio no dejaba de toser, aún estaba cerca de la escalera de mano, por lo que subió tan rápido como pudo, Auryn volvió a mover la varita, esta vez hacia el lado izquierdo. La estatua se movió, dejando al descubierto un largo pasillo. La elfa entró por el pasillo, intentando respirar algo de aire sin contaminar. En medio del pasillo encontró una puerta de madera semiabierta, tras ella se encontró con un almacén lleno de cestos, cajas y barriles con alimentos pasados, podridos y vinos picados por el tiempo. Volvió a salir al pasillo. El gas salía lentamente de la habitación, pero no llegaba a inundar el pasillo. Tardaría bastante en desaparecer.
Siguió por el pasillo. Sí sentía temor por arriesgar su vida en un laberinto lleno de trampas, no lo demostraba. Al final del pasillo pudo ver una curiosa puerta de hierro con 3 rayos grabados. Cuando se acercó, la puerta se iluminó con una brillante luz azulada. Auryn quiso abrirla, pero nada más tocarla, se llevó una fuerte descarga que casi le deja sin dedos.

Purpurio esperaba en la sala de arriba. Auryn tardaba demasiado, ¿y si la elfa había caído por el gas? Buscó entre su mochila, cogió algo de ropa, y se tapó nariz y boca como buenamente pudo. Bajó por las escaleras, y pasó junto a la estatua de bronce por el pasillo. Cuando se vio a salvo del gas, pudo volver a respirar. Encontró a la elfa frente a la puerta de los rayos. Lanzaron cajas, y todo lo que pudieron encontrar, pero siempre con el mismo efecto, cuando algo tocaba la puerta, un fuerte rayo lo chamuscaba.

Esta vez, Purpurio pudo convencer a Auryn, y se fueron por donde habían venido. La puerta de la caverna del troll seguía abierta, y no pudieron recuperar la gema que habían introducido para abrirla. Al salir, el hombre-largarto que les había servido de guía les esperaba paciente.
Volvieron al poblado de los hombres lagarto, el guía contó que habían acabado con el troll, y el gran jefe liberó a los dos templarios de Velex. Auryn preguntó al chaman si poseía algún brebaje contra la picadura de las serpientes y consiguió uno a cambio de un espejo.

Los dos templarios se encontraba excesivamente mal. Sin duda, habían contraído alguna enfermedad en el pantano. Apenas conseguían caminar. Así que decidieron volver hasta Pasoraudo. Allí, pidieron a la guardia del Ejército del Este que acompañasen a los templarios hasta Robleda. Ensillaron los caballos, y uno de los soldados partió en plena noche con los enfermos. En el vado, una pequeña posada sirvió a los dos aventureros de refugio para pasar la noche. A la mañana siguiente, examinaron la varita que habían encontrado en el cadáver del mago. Gracias a un hechizo, pudieron identificar las runas de la varita: "Arkium".
Purpurio salió fuera de la posada, apuntó la varita contra un árbol y pronunció la palabra lentamente -Arkium- Un hilo de energía blanca salió disparada hacia el árbol. Pudieron ver, como una ramita que tenía rota, se formó de nuevo restaurándose por completo.
-¡Vaya!, ¡Esta varita puede curar! - Dijo Purpurio. -Pues menos mal que no lo has probado con algún enemigo... - Replicó Auryn.

Volvieron al pantano una vez más. Se conocían al dedillo el camino hasta la torre, así que no tardaron demasiado en llegar. Entraron con cautela librándose de dos esqueletos en el pasillo. Descendieron por las escaleras resbaladizas, aún colgaba la cuerda que días antes habían utilizado. Avanzaron hasta la puerta secreta que Ordag el enano descubrió. Llegaron hasta el pozo por el que su compañero había caído, sólo quedaban los huesos para recordar a tan buen guerrero. Caminaron despacio, intentando hacer el menor ruido posible. Se asomaron por el recodo que daba a la puerta con dibujos que desgraciadamente abrieron. Tras ella, la elfa gracias a su infravisión, pudo ver al peligroso ser sentado en su trono. Sin dudarlo, se lanzaron a cerrar la puerta, primero lo intentó la elfa, pero la puerta pesaba más de lo que recordaba, así que seguido, el mago fue en su ayuda, y consiguieron cerrar la puerta. Ahora solo quedaba esperar que la puerta que había mantenido encerrado a ese ser, siguiera haciéndolo...

sábado, 18 de febrero de 2012

Crónicas de Aventura. Página 3.

Asuntos Pendientes. Parte 1

Rainus hizo llamar a Purpurio y Auryn. Parecía muy disgustado. Solamente habían pasado dos días desde que volvieran de la Torre de la Cienaga.
Fue muy claro:
-"Morden y Frey recibirán su castigo por lo ocurrido con Furio. Y vosotros deberéis responsabilizaros por no informarme. Pero por el momento, id a la tienda de cuero de Gorm, comprad unas buenas botas, quitaos esos harapos, y vestíos para una ocasión especial. En una hora os espero en el jardín."

El mago y la elfa no dudaron en hacer lo que Rainus les había pedido. Compraron las mejores botas que Gorm fabricaba. Después, acudieron a la tienda más cara de todo Robleda. Purpurio compró unos bonitos pantalones de tela visirtaní, así como una cara camisa de seda verde. Auryn también optó por una camisa de seda, y una falda de curiosos colores.

Antes de volver, Purpurio quiso pasar a comprarse un perfume. No escatimó en el precio, comprándose el mejor perfume que podía encontrarse, traído de tierras lejanas. A su vuelta al enclave, Rainus les esperaba con semblante serio. Salieron a las calles estrechas y empedradas de la ciudad. Descubrieron su destino cuando llegaron al edificio donde se reunía el consejo de la ciudad. La entrada estaba atestada por sacerdotes y clérigos, la mayoría de la orden de Velex, pero también estaban los adoradores de Valion y legis entre otros.

En el interior, los asientos de la Brújula del consejo (como se llamaban a los asientos de los consejeros dada su disposición) estaban ya ocupados. Domo Damodar (Consejero Mayor) abrió la sesión dando los motivos de la convocatoria.
Al este de Pasoraudo, entre Sendaelfo y el Gran Pantano, se habían visto esqueletos. Habían llegado noticias de que varios miembros de la orden del libro, habían estado por allí. Durante la reunión del consejo, Hextadomarius (clérigo supremo de velex en Robleda) acusó de nigromancia a la orden del libro. Rainus defendió a los suyos mientras contó lo sucedido con Cartaramûn, para finalmente, pedir al consejo un par de días para resolver el asunto. El consejo decidió aceptar la petición, así como la de Hextadomarius que pedió que dos de sus hombres acompañaran a los miembros de la orden del libro.
Volvieron al enclave para prepararse. Sanserus les entregó un pergamino con un conjuro de bola de fuego, por si la cosa se ponía fea.

Auryn, Purpurio y los dos templarios de velex, quienes no se dignaron a dar sus nombres, salieron a caballo de Robleda en dirección a Pasoraudo. Allí dejaron los caballos en una caballeriza y siguieron a pie.

-INCISO DEL RELATO-
En este momento, el jugador que lleva a Purpurio dice: -¡En 20 años que llevo jugando a esto, es la primera vez que voy a un Dungeon con perfume!. Cerramos el inciso.


Llevaban cerca de una hora en el Gran Pantano, cuando de entre los manglares surgió una figura que corría por los charcos de agua, una figura humanoide de piel verdosa y escamosa, un hombre-lagarto. Los dos templarios se miraron y al momento alzaron a voz:
-¡Por Velex!
Desenvainaron sus espadas, y sin mirar atrás, fueron tras la criatura. Purpurio estaba desconcertado, Auryn miraba atónita sin saber como reaccionar.
Tras varios largos segundos, decidieron ir tras los templarios. Apenas dieron varios pasos tras ellos, Purpurio vio que algo no iba bien:
-¡Es una emboscada !- Gritó, pero ya era tarde, los dos templarios se hundían en el barro del cenagal, el peso de sus brillantes armaduras les hacía imposible salir. Entonces aparecieron otros tantos hombres serpiente. Corrían a gran velocidad por encima del agua golpeándola sin hundirse. Llevaban cuerdas en sus manos, y al momento comenzaron a enredar con ellas a los templarios. Purpurio y Auryn comenzaron a recitar unas palabras. Ambos lanzaron unos proyectiles mágicos a uno de los hombres lagarto, uno callo herido al agua, otro fue tras el mago y la Elfa. Fue Purpurio el primero en echarse a correr hasta ponerse a salvo.

Tras mucho meditar, decidieron volver e intentar conversar con los hombres lagarto, pero los hombres lagarto habían desaparecido, no había ni rastro de los templarios. Intentaron rastrear a los hombres lagarto, pero no consiguieron obtener ningún pista de la dirección que habían tomado. Purpurio empezó a dar voces en pleno pantano:
-¡¡¡Queremos hablar con vosotros!!!
No obtuvo respuesta la primera vez, pero poco después, escuchó una débil vocecilla femenina:
-¿Quieres hablar con nosotras?
Aparecieron unas pequeñas hadas quienes tras ponerle orejas de burro a Purpurio, y una larga barba a Auryn, les indicaron donde vivían los hombres lagarto que buscaban.
Tomaron dirección noreste, tras un día entero de viaje, dieron con una hedionda aldea de chozas habitada por los hombres lagarto que buscaban. Pudieron ver a los templarios colgados boca abajo de un árbol.
Consiguieron hablar con el gran jefe de la tribu, el chamán conocía el idioma común, y sirvió de intérprete. Si querían recuperar a sus compañeros, deberían ayudarles en un problema. Una bestia bastante grande había atacado ha varios de sus guerreros, días atrás fueron en su búsqueda, y tras creerle muerto, y cortarle varios brazos, volvió a resurgir. Purpurio identificó al ser como un troll.
No tenían alternativa. Pasaron la noche en una choza, apenas pudieron dormir dado el desagradable olor. A la mañana siguiente, un guía de la tribu les llevó hasta la cueva, cerca del Bosque Negro. Gracias a unos polvos que encontraron en la torre de la ciénaga, pudieron acabar con el troll. Encendieron una hoguera y quemaron su cuerpo para que no regenerase.
En el interior de la cueva encontraron el cuerpo muerto de un mago junto a sus pertenencias, y una extraña puerta con un orificio en forma de triángulo. Revisaron las pertenencias del mago, una varita acabada en un zafiro con unas runas grabadas, su libro de conjuros, un pergamino, y una extraña gema con forma triangular que Auryn introdujo sobre el orificio de la puerta. Algo se iluminó en el interior de la gema, con un fuerte ruido, la roca se deslizó dejando un oscuro pasadizo al descubierto. Continúa en la parte 2.

lunes, 13 de febrero de 2012

Crónicas de aventura. Página 2.

La Torre de la Ciénaga. Continuación.


Una pendiente con algunos escalones descendía hacia la oscuridad, la Elfa fue quien nuevamente encabezó la marcha, y apunto estuvo de caer al resbalarse un par de veces durante el descenso. Avisó a sus compañeros, quienes esperaban desde la entrada de la trampilla, del peligro, por lo que optaron por amarrar la cuerda en el nivel superior y descender sujetos. Una vez abajo, dejaron la cuerda para ayudarse en una posible huida. Pudieron escuchar un murmullo lejano como si de un tambor apagado se tratase. Siguieron un largo pasillo que giraba a la izquierda. Una puerta a la derecha daba acceso a un pequeño almacén. Tras girar por el pasillo, se encontraron con otro pasillo aún más largo. Había dos puertas, una enfrente de la otra, casi al principio del pasillo, y otras tres puertas de gruesos barrotes.
Abrieron la puerta que estaba a su izquierda descubriendo una sala de torturas. Mesas llenas de sangre, una dama de hierro, grilletes en las paredes, múltiples cuchillos de diferentes tamaños, agujas, eran solamente algunos de los adornos de la sala. Junto a la mesa, un clérigo con armadura de color negro manipulaba varios instrumentos, al ver a los aventureros, alzó su voz elevando una plegaria a Orcus, dios de los No-Muertos. Antes de que su dios pudiera tan siquiera escucharle, Purpurio disparó su ballesta contra él, pero el virote fue a parar muy lejos. Ordag, elevando su hacha mientras avanzaba hacia su objetivo grito algo que nadie pudo entender, hizo descender su hacha con tal fuerza y maestría que consiguió atravesar la armadura del clérigo, quien no pudo terminar su salmodia. Buscó con las manos su martillo de guerra pero para cuando quiso alcanzarlo, los aventureros acabaron con él. Por la armadura, los aventureros supusieron que se trataba de Cartaramûn, le registraron encontrándole varias llaves. Pero ni rastro del libro que habían venido buscando. Encontraron un gran arcón cerrado con llave junto a una mesa. Probaron las llaves para abrir la cerradura.
Una vez encontraron la llave correcta, Auryn abrió el arcón, una serpiente le lanzó un mordisco al brazo pero la elfa consiguió apartarlo en el momento justo echándose hacia atrás, acto seguido intentar sacar su arco, el mago cargó su ballesta, pero fue la serpiente la que lanzó un escupitajo de veneno que alcanzó los ojos de la elfa, Purpurio disparó la ballesta y con un poco de suerte, acertó entre los ojos de la serpiente acabando con ella. Revisaron el interior del arcón donde encontraron el libro que buscaban, el “Tomo de los portales Planarios”.

-INCISO DEL RELATO-
Fue en este momento cuando el jugador que lleva a Purpurio, agitando los brazos ostensiblemente, le dijo a la jugadora que lleva la Elfa:
-¡¡¡Esto hay que hacerlo a la vieja ausanza !!!
-¡¡¡Los cofres hay que abrirlos desde atrás !!!

Cerramos el inciso.

Los aventureros optaron por seguir pasillo adelante hasta las tres puertas de gruesos barrotes. Utilizando las llaves que habían encontrado en el cadáver de Cartaramûn, abrieron las tres habitaciones, en el interior de cada una de ellas encontraron una cama y un arcón grande. El arcón de la habitación del fondo tenía una cerradura para la que no tenían llave, así que sin dudarlo, Purpurio pidió a Ordag que lanzara contra la pared el arcón. El enano lo hizo al instante, reventando el arcón contra la pared. Cristales rotos, y varios líquidos de diferentes colores se esparcieron por el suelo aparte de una daga con la hoja de singular metal azulado pulido, y algunas otras cosas.
Después fueron a la habitación del centro. Ese arcón no tenía cerradura, y Purpurio se colocó por la parte de atrás para abrirlo, agarró las tapas y tiró de ellas, al instante sintió un extraño calor en las manos, al mirárselas vio unas pequeñas marcas rojas. La histeria se apoderó de él, ¿había sido envenenado? La muerte estaba cerca. Decidido, corrió de vuelta hasta la sala en la que habían roto el arcón, se arrodilló y empezó a lamer los líquidos esparcidos por el suelo. Al ver que pasaba el tiempo, y no ocurría nada, se tranquilizó ante la sorprendida mirada del enano y la elfa que irrumpieron en una gran carcajada que al poco se convirtió en risas contagiosas ante la enfadada mirada del mago.
Registraron el arcón, y cuando recogieron todos los objetos interesantes, fueron a por el tercer arcón. El mago utilizó de nuevamente la táctica de abrir los arcones desde la parte de atrás. Cuando lo hizo, una luz blanquecina inundó la sala, sintieron una fuerza negativa golpear sus cuerpo, la elfa y el mago cayeron inconscientes al momento, el enano pudo aguantar, y fue quien salvó la vida de sus dos compañeros a los que les suministro unas pócimas que les salvaron la vida. Auryn y Purpurio comentaban que no había más puertas en el pasillo, y de pronto, se le escuchó decir a Ortag:
-¡No! ¡no!
-No ¿no? - Preguntaron sorprendidos.
-En esta pared hay una puerta- Dijo el enano mientras habría una puerta secreta en la pared del final del pasillo, dejando al descubierto un angosto pasadizo.
Auryn fue la primera nuevamente en pasar por la puerta secreta, después pasó el enano. Sin apenas darse cuenta, una afilada hoja con forma de guadaña seccionó la mano del enano. Cayó al suelo sin mostrar excesivo dolor, aun le duraban los efectos de las hierbas que le habían hecho fumar. Purpurio seguía con idea de que estaba envenenado, así que tras ayudar en lo que pudieron al enano, el mago quiso seguir el pasadizo. La elfa caminaba en cabeza con paso grácil, Ordag la seguía con caminar pesado agarrándose el brazo, Purpurio con el miedo de la muerte en sus ojos se quedó perplejo al ver caer ante sus propios ojos a Ordag. El suelo se abrió bajo los pies de Ordag dejándole caer a un foso de unos 9 metros de profundidad por donde fluye una corriente de agua fría. Al asomarse Auryn, pudo ver el cuerpo del enano con el cuello partido. Un lodo verde, gelatinoso se movía lentamente hacia el cadáver, y no tardó en cubirlo.
Sin ninguna posibilidad para el enano, continuaron por el pasadizo hasta abrirse en una caverna con una gran puerta doble finamente tallada. La elfa abrió las puertas, sintió un escalofrío por su cuerpo, como si algo quisiera paralizarla, pero su sangre elfica pudo contrarrestar el efecto.
La oscura sala que dejaron al descubierto contenían varios sarcófagos, y una tenebrosa figura sentada en un trono, apenas pudieron ver nada mal, pues varios esqueletos salieron de los sarcófagos. Purpurio y Auryn echaron a correr sin parar hasta llegar a Robleda.

Una vez en Robleda, Purpurio acudió ante Frey para preguntarle por su envenenamiento, pero al no tener ningún síntoma, Frey le sugirió que descansara. El cansancio hizo que no tardaran en dormirse.

domingo, 12 de febrero de 2012

Crónicas de aventura. Página 1.

La Torre de la Ciénaga.

La elfa Auryn y el mago Purpurio se encontraban charlando sobre varios hechizos mágicos cuando Morden se acercó bastante agitado.
-Rainus os espera en su despacho, ¡¡¡parece que tiene un trabajo para vosotros !!!.

La elfa y el mago subieron al piso superior donde Rainus les esperaba junto a Ordag, un enano que trabaja para la Orden a cambio de algunas monedas de oro. Rainus no tardó en exponer la situación, Cartaramûn, un antiguo clérigo de Velex se había trastornado, cambiando sus oraciones hacia Orcus, dios de los No Muertos. Había robado un libro, el “Tomo de los portales Planarios”, donde se explica la forma de abrir un portal a otro plano, lo que podría traer fatales consecuencias. Debían recuperar el libro. Las últimas informaciones hablaban de que posiblemente se escondiera en la Torre de la Cienaga, en el Gran Pantano. Antes de salir, Rainus les mandó ante Sanserus, quien tenía algo para ellos. Bajaron hasta el sótano donde Sanserus leía atentamente un antiguo libro de pesadas hojas. Purpurio interrumpió la lectura de su maestro con una tos fingida, éste levantó su cabeza y los hizo acercarse hasta un armario. Descolgó un par de capas marrones con el escudo de la orden grabado en la espalda. Auryn y Purpurio sintieron al instante el poder que emanaba de las capas, sin duda había sido imbuida con algún conjuro mágico. Purpurio preguntó a Sanserus, quien le confirmó que la capa poseía una poderosa magia que les ayudaría a protegerse de los ataques de posibles agresores.
Dispuestos para salir, Frey se les acercó tan deprisa como pudo, estaba bastante nervioso. Al parecer, mientras enseñaba el arte de la alquimia a Morden, habían envenenado a Furio, quien se prestó como conejillo de indias. Le habían hecho ingerir por accidente el veneno de una serpiente del Gran Pantano. Habían conseguido paralizar el veneno induciendo a Furio en un profundo sueño y necesitaban el antídoto antes de poder despertarlo. Por lo que había podido descubrir, los hombres lagarto que habitan en el Gran Pantano suelen portar viales con el antídoto contra la picadura de la serpiente, así que necesitaba uno de esos antídotos. El enano puso mala cara, pero tanto el mago como la elfa aceptaron el encargo.

Salieron de Robleda por el camino contiguo al río Arroyosauce hasta el puente de Pasoraudo desde donde tomaron el camino de Sendaelfo en dirección Este para poco después adentrarse en el Gran Pantano. Pudieron divisar desde lejos por encima de las copas de los manglares la silueta medio derruida de lo que antaño fue una torre de vigía visirtaní. Bien caída la tarde, llegaron a los alrededores de la torre, examinaron la zona descubriendo las brasas de lo que había sido un pequeño fuego. La puerta doble que debería dar acceso a la torre, se encontraba en el suelo, caída desde quien sabe cuanto tiempo. Los aventureros decidieron esperar escondidos entre los matorrales esperando ver si alguien volvería a usar el fuego para prepararse la cena, pero pasaron varias horas, la luna iluminaba ya desde lo alto pero nadie entro ni salió de la torre, así que optaron por buscar un lugar donde dormir. Se alejaron de la torre hasta encontrar un lugar lo más confortable posible, tarea casi imposible en el Gran Pantano.


El mago eligió el tronco caído de un árbol grande que sobresalía del agua junto a un montículo de tierra para echar el petate y descansar.
Auryn hacía la última guardia. El pantano estaba lleno de insectos, libélulas, mosquitos, ranas... pero reinaba la calma, por lo que decidió abrir su libro de conjuros y estudiar durante la guardia. El grito de Purpurio le arrancó de sus estudios, cuando levantó la cabeza vio como Purpurio se caía del tronco y le emanaba sangre de uno de sus brazos. Enroscada en el tronco, una serpiente mostraba sus enormes colmillos. El mago consiguió alcanzar su ballesta para disparar, Auryn tuvo que dejar su libro en una piedra seca para coger el arco que tenía a mano, y el enano ya tenía el hacha en la mano, pero fue primero la serpiente, con una gran velocidad la que lanzó un nuevo ataque, esta vez contra el enano, quien puso el mango entre los dientes de la serpiente para repeler el ataque. Acto seguido virotes, flechas y un hachazo, acabaron con la peligrosa serpiente. Por suerte para Purpurio, no era venenosa, aunque el mordisco había sido bastante profundo provocando una fuerte herida.


Una vez amaneció, los tres compañeros volvieron a la torre, esperaron hasta ver salir a cuatro Kobold y un clérigo con una túnica negra. Purpurio comenzó a recitar extrañas palabras arcanas, y al momento, tres de los cuatro kobold cayeron al suelo dormidos. Sin que pudieran reaccionar, la elfa hizo que desde los dedos de su mano saliera una rayo de pura energía azulada que golpeó en el pecho del clérigo, quien no dudo en volver a entrar en la torre. El kobold que quedaba, asustado ante la situación, salió huyendo hacia el interior del pantano. Fue el enano el primero en salir corriendo hacia la torre, y hachazo tras hachazo, acabó con los kobold dormidos, después se quedó junto a la puerta, esperando que pudiera salir algún otro kobold o clérigo de orcus. Auryn y Purpurio dieron una vuelta a la torre circular para ver si podían encontrar otra entrada pero no consiguieron hallar nada. Cuando terminaron de dar la vuelta llegando de nuevo hasta la altura del Ordag el enano le vieron contra la pared hacha en mano, pero con una flecha en el hombro. Purpurio intentó sobornar sin éxito a los kobold que desde el interior disparaban sus flechas. Lo que sí logró, fue que los kobold, por orden del clérigo, salieran espada en mano hacia ellos, pero Ordag estaba preparado, así como sus compañeros y en poco tiempo, los cuerpos de los kobols y el clérigo yacian en el suelo ensangrentado.
Auryn fue la primera en inspeccionar la torre, un pasillo de unos 24 metros de largo acababa en una recia puerta abierta de par en par, y a la derecha de ésta, otra puerta más pequeña se mantenía cerrada. Junto a la entrada, una pared derruida daba acceso a otra sala que Auryn pudo comprobar, estaba totalmente vacía. Se dirigieron al final del pasillo, atravesaron la puerta encontrando otra sala con varias camas malolientes y varios arcones. Una puerta de barrotes daban acceso a otra sala. Tras registrar los arcones se encontraron entre otras cosas con una pipa de fumar, y unas extrañas hierbas resecas que no dudaron en dar para fumar a Ordag. Sus ojos se pusieron ligeramente rojizos, y una sonrisita apareció en su rostro. Levantó su hacha de batalla como si fuera una pluma. Parecía que poseía una fuerza descomunal. Entraron en la sala tras los barrotes, vieron un armario, una cama y una bañera llena de agua sucia. Mientras Auryn y Purpurio rebuscaban entre el armario, el enano un tanto mareado, se intentó sentar en el borde de la bañera cayendo al interior. Rápidamente sus compañeros le ayudaron a salir. Ordag se quejaba de que algo en el interior de la bañera le había hecho daño, así que Auryn propuso coger un cubo para vaciar la bañera. En su interior pudieron encontrar un puñal de hoja de metal pulido, encastrada en un mango dorado tachonado con plaquitas de marfil grabadas con pequeñísimas escenas representando escorpiones que Purpurio no dudo en apropiarse.
Volvieron a la puerta cerrada del pasillo de entrada. Estaba cerrada con llave, pero antes de decir nada, el enano se lanzó contra la puerta y como si de una puerta de papel se tratase, la derribó sin problemas. La habitación a la que entraron estaba vacía a excepción de un gran montón de cascotes y tablones en el centro de la estancia debajo de la cual encontraron una trampilla oculta.
Continuación

jueves, 9 de febrero de 2012


La orden  del Libro se estableció en Robleda hace unos 200 años. Sus miembros son conocidos como "los sabios". Durante años han ayudado a las gentes de Robleda inventando artilugios que ayudaban en las tareas de las granjas, asesoraban a los dirigentes, enseñaban la escritura y matemática...
Los objetivos de la orden son:
Buscar la verdad y el entendimiento de las cosas a través del estudio de la alquimia, el conocimiento histórico, y la magia. Sus miembros de dedican a recuperar restos históricos en profundas y olvidadas ruinas. Habitualmente suelen dar charlas en el anfiteatro de Robleda y se suelen centrar en diversos temas: filosofía, astrología y otros saberes. También creen y sostienen ciegamente que los dioses no existen, y por tanto, no deberían ser adorados.

Algunos miembros de la orden:

Rainus
Localización: El enclave (Robleda).
Clase:Mago    Nivel: Desconocido
Estado Actual: Vivo.
Uno de los máximos dirigentes de la Orden.

Garnel
Localización: El enclave (Robleda).
Clase: Tesorero    Nivel: 0
Estado Actual: Vivo.
Garnel lleva las cuentas de la Orden.

Sanserus
Localización: El enclave (Robleda).
Clase: Mago.    Nivel: Desconocido
Estado Actual: Vivo.
Profesor de magia.

Morden
Localización: El enclave (Robleda).
Clase: Escritor.    Nivel: 0
Estado Actual: Vivo.
Es el miembro más joven de la Orden.

Eburno
Localización: El enclave (Robleda).
Clase: Explorador    Nivel: 5
Estado Actual: Vivo.
Eburno se dedica a la búsqueda de antiguas reliquias.

Frey
Localización: El enclave (Robleda).
Clase: Alquimista.    Nivel: Desconocido
Estado Actual: Vivo.
Hermano pequeño de Furio. Es un joven extremadamente débil, desde pequeño toma unas infusiones pues padece una extraña enfermedad. Aprendió muy pronto el arte de la escritura dada su alta inteligencia. Crea sus propias infusiones y pociones, pretende ser el mejor alquimista de todo Valion. Cuando murieron sus padres entró a formar parte de La Orden Del Libro.

jueves, 2 de febrero de 2012

Furio

El pequeño Frey nació enfermo. Desde muy pequeño, todos los días, debía acudir a casa de Erwin Musgoplata a tomar unas extrañas y malolientes infusiones. Furio acompañaba cada día a su pequeño hermano hasta la casa del alquimista, quien contaba al pequeño Frey historias de poderosos magos mientras le preparaba las infusiones. A Furio nunca le gustaron esas historias, prefería las historias de espadas, combates y poderosos guerreros cazadores de dragones.

Frey caminaba pesadamente, no podía correr, nunca jugaba con el resto de niños, pero Furio siempre estaba a su lado. Un día estaban en la plaza al sol. Furio jugaba con un palo como si fuera una enorme espada, Frey tenía varias piedras de diferentes tamaños, y un trozo de carboncillo con el que hacía extraños dibujos en el suelo, al parecer, era un divertido juego que Erwin le había enseñado, pero Furio no veía nada de divertido en aquel aburrido juego. Un hombre vestido con una túnica marrón con la forma de un libro abierto bordada en la espalda que cruzaba la plaza se detuvo mirando a Frey. Al poco se le acercó con interés. Furio se percató de que el hombre se acercaba a su hermano, con dos grandes zancadas se interpuso entre ambos levantando el palo en alto.

-Tranquilo amigo, no quiero problemas.- Dijo el Hombre. - Me gustaría hablar con tu hermano Frey.

-¿Conoces a mi hermano? - Preguntó Furio.

-Sí me conoce. -Respondió Frey. - Es amigo de Erwin, nos conocimos en su casa.

Furio bajó el palo de mala gana.

-Veo que conoces la escritura.- Prosiguió el hombre. - En el Enclave tenemos varios libros que quizás pudiera interesarte leer. Cuando te apetezca ven a vernos, estaremos encantados de enseñarte nuestra biblioteca.

Frey quiso ir esa misma tarde, pero Furio le recordó que habían prometido ir a ver a su padre a la tienda donde trabajaba, para ayudarle con el inventario. Así que, después de comer, salieron temprano. Cuando se aproximaban, una multitud frente a la puerta los alarmó, varios jinetes de la guardia pasaron junto a ellos a toda velocidad, Furio tuvo que apartar a su hermano para evitar que le arrollasen. Los comentarios de la multitud no pasaron desapercibidos para los hermanos: “un ladrón con una capucha negra y una daga”, “muchísima sangre en el suelo”, “pobre hombre”...

Furio se olvidó de su hermano durante un momento, apartó a la gente a empujones, y cuando consiguió entrar en la tienda pudo ver al capitán de la guardia junto a varios guardias alrededor del cuerpo ensangrentado y sin vida de su padre.

Un par de meses después, la madre de Furio cayó enferma. No pudo soportar la muerte de su marido, perdió el apetito, y finalmente, murió. Los dos hermanos se quedaron solos. Una mañana, Frey quiso hablar con su hermano:

-Siempre me has cuidado bien, hermano. Ya soy mayor, he aprendido a crear mis propias infusiones, y aunque mi cuerpo es débil, mi mente es rápida y está llena de deseos de aprender. Ahora que madre nos ha dejado, nada nos obliga a seguir en esta casa. Lo he pensado mucho. Los sabios de la orden del libro necesitan personas para enseñar a los demás. Mis conocimientos serán útiles. No creo que pueda encontrar mi sitio en ningún otro lugar. Estas piernas no me lo permitirán. Sé que no te gustan los libros, pero en la orden, buscan personas de corazón inquieto que quieran partir en busca de objetos y conocimientos. No todos los integrantes de la orden son sabios, alquimistas o magos, también hay fuertes guerreros que les ayudan en su búsqueda y los protegen. Hermano, nada me haría más feliz que estuvieras a mi lado.

Furio no se lo pensó dos veces. Frey había sido toda su vida, y por el momento, lo seguiría siendo.

- Me uniré junto a tí a esa orden.- Respondió Furio -pero espero que no tener que vestir esa estúpida túnica.

Purpurio Nevalainen.

Era un día oscuro. El fuerte viento azotaba una solitaria colina cercana a Robleda. La lluvia caía sobre una figura empapada hasta los huesos. Con una pala rellenaba lo que sería el lugar de descanso de su esposa para toda la eternidad. Junto a él, en un canasto empapado, un bebe sollozaba con fuerza. El hombre dejó la pala a un lado, se alejó unos metros hasta una zona arbolada, rebuscó por el mojado suelo hasta encontrar dos ramas con las que formó una cruz que clavó en el montículo de tierra y barro. Durante unos segundos, su rostro serio no dejó entrever sentimiento alguno, pero finalmente, sucumbió; arrodillado entre el barro, las lágrimas se mezclaron con la lluvia. Tras minutos, o quizás horas, consiguió el aplomo suficiente para levantarse. Por un momento, la idea de dejar el canasto en aquel lugar tomó fuerza, pero no pudo hacerlo. Era su hijo, y quizás él no pudiera darle la vida que se merecía, pero sabía donde podrían darle una vida mejor.


Volvió a Robleda. Atravesó la puerta de las colinas, los soldados de la entrada bajaron la cabeza al verle pasar, Luvenius Nevalainen había sido su capitán durante más de 10 años. El antiguo capitán de la guardiaavanzaba por las mojadas calles de Robleda con paso firme, sujetando el canasto como si de un otro bulto cualquiera se tratase. Pasó junto a la enorme capilla dedicada al dios de la guerra Velex. Un par de banderas ondeaban con fuerza mostrando el símbolo de la orden, dos espadas cruzadas formando una “V”. Un sentimiento de rabia invadió su cuerpo, pero quiso pensar en su hijo, pidió con fuerza que no se convirtiera en un guerrero como lo había sido él. Siguió por las calles de Robleda, todo el que se cruzaba con él bajaba la cabeza, nadie se atrevía a mirarle a los ojos. Finalmente se detuvo ante uno de los edificios más extraños de toda Robleda. Imposible decidir si el enclave actual fue antaño un castillo erigido para servir como tumba, como fortaleza, como palacio o como templo. Luvenius golpeó con fuerza la enorme puerta de madera que daba acceso al lugar. Un joven vestido con una larga túnica marrón abrió la pesada puerta, lucía el símbolo de la orden del libro.

-Por favor, pase, ¡está empapado!- Dijo el joven.

-No.- Respondió Luvenius. El joven se quedó mudo, no sabía que decir, pero no hizo falta, Luvenius continuó.

-Nunca entré en este lugar. Los sacerdotes de Velex nunca lo hubieran visto con buenos ojos. Sé que sois gente sabia, enseñasteis a los agricultores como mejorar sus cultivos, aconsejabais a reyes y dirigentes. Seguro que vosotros podréis darle una buena vida.

Tras la última palabra, sin esperar respuesta alguna, dejó el canasto ante el joven, dio media vuelta y desapareció entre las calles de Robleda.

Pasaron los años, y el bebe al que llamaron Purpurio creció demostrando una notable inteligencia. No tardó en dominar el arte de la escritura, y más tarde Sanserus, un mago de la orden, viendo las posibilidades del chico, decidió educarle en las artes arcanas, donde Purpurio destacó notablemente. La orden le había ofrecido una vida de sabiduría y conocimiento, y por alguna razón, Purpurio sabía que ese era el camino que sus padres hubieran querido para él.