viernes, 7 de febrero de 2014

Hace tanto tiempo.

La caja Negra Llega

Por motivos familiares, de aumento de la población en mi hogar, me ví privado de bastante tiempo, y es por ello que no pudimos completar la campaña en curso. En breve (hoy mismo) llegará la Caja Negra, una campaña que estoy seguro, me apetecerá dirigir, y que seguramente, será sumamente divertida e interesante de jugar. Por desgracia, no dispongo de mucho tiempo, pero haré un intento por buscar un hueco para poder disfrutar de esta Caja Negra. Una campaña de 380 páginas, con mapas a color, tiene que estar en este blog, y ser jugada por el Dado Amarillo.

sábado, 19 de mayo de 2012

Crónicas de aventura. Página 10.

Lo que el Ojo no Ve. Parte 6

Enormes y sedosas telarañas cubrían toda la estancia. Furio, el guerrero, usó una antorcha para abrirse camino. La salida les llevó hasta una oscura gruta donde descansaba un viejo anden de maderas podridas y junto a éste, unas pequeñas vías se adentraban hacia la oscuridad más profunda del interior de la mina. Un par de vagonetas descansaban sobre las vías con el freno echado. El resplandor de las llamas de las antorchas les hizo descubrir en lo alto de la gruta varios pares de ojos, de lo que sin duda eran arañas, muy grandes, y con total seguridad, venenosas.

Decidieron montarse en una de las vagonetas, Auryn fue la primera en saltar al interior, seguida de Furio, el mago Purpurio, acompañado del zorro Swift se disponía a subir cuando sintió un dolor punzante en la yugular. Tenía en su espalda una enorme araña que le mordía el cuello, rápidamente Furio y Auryun atacaron a la araña y consiguieron acabar con ella. El mago sentía como el veneno circulaba lentamente por sus venas, como si su sangre se hubiera espesado. Varias arañas se acercaban, así que subieron al mago a la vagoneta y quitaron el freno. La situación era crítica, Purpurio estaba cada vez más blanco, el veneno no tardaría en acabar con él. Sacó la varita que tantas y tantas veces les había sanado, pronunció las palabras mágicas y clavó la punta sobre la herida. Durante un momento, la varita brillo con un color blanquecino, hasta pasar al negro más absoluto. Purpurio consiguió recuperarse, pero la varita había gastado todo su poder.

Las vías estaban construidas sobre una plataforma de madera y vigas, las ruedas chirriaban constantemente mientras la vagoneta se deslizaba traqueteando a toda velocidad por la plataforma, que temblaba peligrosamente a su paso. La caverna se ensanchó a su alrededor convirtiéndose en una enorme sima vacía. De pronto, algo rozó sus rostros: seda... de tela de araña.

Una araña aterrizó sobre la parte delantera de la vagoneta, pero antes de que pudiera siquiera sujetarse, la Elfa le propinó una patada enviándola al vacío. Le siguió otra araña, esta vez por un lateral, fue Furio quien con el pomo de su espada consiguió deshacerse de ella. La vagoneta cada vez iba a más velocidad, y a su vez, chirriaba con más fuerza, otras dos arañas aterrizaron en la vagoneta, una de ellas consiguió asirse con fuerza y lanzar un mordisco sobre Furio, pero el guerrero consiguió poner su espada delante la enorme boca de la araña de la cual goteaba el peligroso veneno, y acto seguido, le propinó un buen tajo, Auryun, ayudaba por Purpurio, hicieron lo propio con la otra araña.

La vagoneta fue disminuyendo la velocidad a medida que se acercaba al final de la vía en un viejo anden. El lugar parecía peligroso, una puerta daba acceso a una pequeña sala con varios bancos y una talla de madera de alguna deidad que el tiempo la había hecho irreconocible. Entre unos cristales rotos encontraron un par de viales intactos, sellados con cera, parecían pócimas curativas, que no dudaron en guardar. Tras otra gran puerta, accedieron a un pasillo, al final de este, una estatua de granito blanco, que representaba una doncella guerrera con un hermoso casco y una espada larga les cerraba el camino. Tras ella, pudieron encontrar una puerta secreta. Por fin consiguieron llegar hasta su destino. La cúpula era un pozo octogonal de 20 metros de radio con paredes de alabastro grabadas con símbolos sagrados. El suelo de la sala era una plataforma de piedra con forma de cruz y construida sobre el vacío, sin vallas o protecciones, un peligroso vacío que se perdía en las oscuras profundidades de la montaña. En uno de los extremos de la cúpula, pudieron ver una plataforma grabada con un pentáculo estrellado del que emanaba una luz plateada, y donde ardía en un pebetero de piedra, envuelto por una llama azulada, un ojo de metal azulado-negruzco.

Apenas pudieron observar el lugar, pues desde otro de los extremos, donde la plataforma que se elevaba sobre el abismo era más ancha, se abrió una puerta de granito oscuro. Varios goblins entraron a toda prisa seguidos de un elfo alto y fibroso, con una larga melena oscura y cubierto con una máscara. Junto a él, un hombre encorvado, vestido con ropas exóticas y con un turbante ya desenvainaba su cimitarra. Ante una orden del elfo, los goblins se lanzaron al ataque, seguidos por el visirtaní, Furio apartó con una mano a uno de los goblin preparándose para recibir al guerrero con turbante. Purpurio usó su bastón para golpear a otro goblin y lanzarlo al vacio con un grito de terror ante la caída. Auryn se percató del peligro que suponía el oponente de su propia raza, sabedora de los peligrosos hechizos que podría ejecutar, se apresuro a ejecutar ella un conjuro con la esperanza de ser más rápida que el elfo, y así fue, desde los dedos de Auryn surgió un proyectil luminoso que impactó en el elfo, quien perdió la concentración necesaria para ejecutar su hechizo. Furio, consiguió acertarle con su espada al visirtaní provocándole una importante herida en un costado, Purpurio, aún cansado por los efectos del veneno, luchaba como podía con su bastón intentando detener el ataque de los goblins, Furio se lanzó contra su objetivo atravesándole el estomago con una excelente estocada, para, acto seguido, ir a por el elfo, pero Auryn gritó con fuerza:

- ¡¡ Que nadie se acerque al Elfo !!

Su voz debió sonar como una orden mágica, porque Furio se detuvo en seco, no sin antes aprovechar para golpear a uno de los pocos goblins que quedaban en pie mientras observaba como el elfo movía las manos preparando un nuevo hechizo. Auryn había sacado un pergamino de su cinturón y lo leía tan rápido como podía, y tan lentamente como debía. Todos se asustaron cuando de pronto, pudieron ver como aparecieron varias imágenes idénticas del Elfo, pero el susto duró poco, Auryn terminó de leer el pergamino, una pequeña esfera de fuego salió disparada hacia el Elfo, cuando llegó a su altura, la pequeña esfera se convirtió en una enorme bola de fuego que le quemo gran parte del pelo y las ropas. El elfo estaba de rodillas en el suelo tratándo de incorporarse cuando através de la humareda que había causado el fuego, apareció la espada de Furio. Con el terrible impacto, el Elfo cayó hacia el vacío. Los ojos se le tornaron de un color rojizo, Furio estuvo tentando de lanzarse al vacío para rematar al Elfo, pero estaba seguro de que el tajo había sido mortal.

Decidieron dejar el ojo en el lugar en el que había permanecido durante años, así que volvieron por donde habían venido. Esta vez, taparon la vagoneta con varios tablones para evitar los ataques de las arañas.

Cuando salieron de la mina, se encontraron con un regimiento que la reina había enviado, guiados por Falkgard, burgomaestre de Castamir, quien agradeció al grupo su enorme ayuda. Furio les sugirió que pusieran una guardia permanente en la entrada de la mina para evitar que nadie se llevase el ojo. Por el momento, así lo harían, pero deberían decidir que hacer con el ojo, si lo habían encontrado una vez, podrían volverlo a encontrar.

jueves, 19 de abril de 2012

Crónicas de Aventura. Página 9.

Lo que el Ojo no Ve. Parte 5

La capilla hasta la que llegó el grupo era pequeña, excavada en roca viva y con dos estatuas de piedra de antiguos dioses. Las estatuas, desgastadas por el paso del tiempo, mutiladas salvajemente por los trasgos y pintadas obscenamente apenas reflejaban sus rasgos originales. Como les había indicado el Elfo Garth, tras una de las estatuas, un ladrillo suelto dejaba entrever un mecanismo. Al activar el mecanismo parte de la pared se desplazó con un fuerte crujido dejando a la vista un oscuro pasillo.

Encendieron las antorchas y atravesaron el pasillo llegando hasta unas escaleras de caracol que descendían hacia la oscuridad. Una vez abajo, tras una puerta, llegaron a una habitación con un armero metálico oxidado. Junto a él, su contenido yacía desparramado. Furio se adelantó para ver las armas. Una espada envainada le llamó la atención, al desenfundarla parecía brillar con un frío violáceo. La empuñadura tenía grabadas runas enanas. El guerrero la guardó entre sus posesiones. Había una puerta en la pared norte, salieron a un largo y silencioso pasillo donde pudieron ver tres puertas.

Revisaron las salas, en la primera no hallaron nada, la segunda, una sala llena de cascotes del techo y paredes, tenía una gran puerta de aspecto sólido al fondo. Fueron a examinarla. Estaba cerrada y no parecía de fácil apertura, así que decidieron tirarla a la fuerza. Cogieron una viga caída, y comenzaron a golpear la puerta. Cada golpe era más fuerte que el anterior, la puerta parecía que caería en cualquier momento, estaban apunto de asestar el golpe final, cuando la puerta cayó, pero para sorpresa del grupo, no del lado que esperaban, sino que cayó como si algo la hubiera empujado desde el otro lado, un olor a amoniaco inundó la estancia, el terror se dibujo en sus rostros cuando tras la puerta, vieron una masa verde traslúcida deslizarse hacia ellos. Los miembros de la orden del libro corrieron de vuelta presas del miedo. Auryn fue la primera en salir de la sala, Furio iba rebuscando algo en su mochila, Purpurio, seguido del zorro Swift, cerró la puerta al salir al pasillo. Volvieron hacia las escaleras de caracol, por fin Furio encontró lo que buscaba, un bote de aceite. Volvió al pasillo, al ver al cubo gelatinoso le lanzó el aceite seguido de una antorcha, y comenzó a arder. El pasillo se lleno al momento de gas con olor a amoniaco.

Esperaron a que se disipara el gas, y fueron por la puerta por la que había aparecido el Cubo gelatinoso. El acceso daba a una sala llena de grandes telarañas, por el tamaño de estas, las arañas que las hubieran tejido debían tener un tamaño realmente grande. Al fondo de la sala, entre las telarañas, podía entreverse lo que parecía una puerta. La Elfa echo una rápida mirada, pero no vio ninguna araña, aun así, el mago sugirió volver hacia atrás, no le gustaban mucho las dichosas arañitas. Furio le convenció de que el fuego era la solución para cualquier situación, así que prendió fuego a las telarañas y cruzaron la puerta de la sala. Llegaron a un cuarto lleno de herramientas y estantes, todo cubierto por enormes telarañas, en la pared de la derecha, un marco sin puerta dejaba entrever un apeadero de madera roída junto a unas vías sobre las que descansaban varias vagonetas.

Habían dejado una puerta sin investigar. Volvieron al pasillo, los restos del cubo gelatinoso seguían emanando el fétido gas. Pasaron intentando no respirarlo. Tuvieron que echar la puerta abajo para poder entrar. En el interior de la sala encontraron un cofre de madera vieja reforzado con tachuelas de bronce y una cerradura también de bronce.

Purpurio recordó en ese momento lo sucedido con los cofres de la torre de la ciénaga, en el gran pantano, así que se acercó para mirar con mucho detenimiento si pudiera haber algún tipo de trampa.
La sorpresa fue mayúscula cuando el cofre abrió una enorme boca llena de puntiagudos dientes que se lanzaron a morder al confiado mago, la dentellada fue casi mortal, en un momento la sangre del mago bañaba la estancia.
Furio desenvainó la espada que había encontrado, lanzó su ataque pero perdió su atención cuando vio como la espada iba dejando un ligero rastro de escarcha en el aire y no consiguió impactar al cofre. La arquero elfa disparó su arco, la flecha se clavó en el cofre, y un hilo de sangre brotó de él acompañado un estridente chillido, lo que hizo que soltara al mago, quien aprovechó el momento para retirarse y con la palabra de mando Arkium, usó su varita para curarse. Furio volvió a lanzar un nuevo ataque, esta vez no se dejo dislumbrar por su nueva espada impactando en el cofre, pero no le produjo un gran daño, sin embargo, la dentellada que el cofre asestó al guerrero hizo que este perdiera la consciencia. El mago tuvo que volver a usar la varita para sanar al guerrero. Auryn seguía lanzando flechas, el cofre seguía mordiendo al guerrero, ya se había comido sus pantalones y parte de su muslo, la situación era angustiosa, el mago volvió a lanzar un rayo desde su varita para curar a Furio, el zorro swift estaba en una esquina presa del miedo. El guerrero recuperó la consciencia, cuando una de las flechas de la elfa impactó nuevamente en el cofre, aprovechó para separarse, el mago disparó su ballesta, el guerrero lanzó una nueva estocada, consiguieron herir varias veces a cofre, hasta que este retrocedió hasta una esquina, y con un extraño sonido, emitió un lastimero lloriqueo acompañado de varias palabras en común con un singular acento:

-Dejarmeee... snif... perdónnn...-
-¿Porque nos has atacado?- Preguntó Purpurio ante una situación tan surrealista.
-Porque tenía hambre... snif...- Respondió.
-¡¡¡ Pero matadlo y ya está !!!, ¡¡ Maldita sea !! - Estalló el guerrero en medio de la conversación, mientras se tocaba el muslo de su pierna donde tenía las marcas de los mordiscos que le habían dejado una ligera cojera.
-Nooo, nooo matarrr noooo... snif!... dadme algo de comer... por favor... el zorro por ejemplo...- Siguió diciendo el cofre, pero ese fue su gran error, Purpurio apuntó con su ballesta, y con un disparo certero hizo callar al cofre para siempre. El grupo no se creía lo que había ocurrido, la elfa quería mirar dentro del cofre, hasta que descubrió que el cofre era un ser vivo, el guerrero no salía de su asombro ante semejante criatura, ¿que otros seres podría encontrarse en las entrañas de las minas? Pronto lo descubrirían.

Parte 6. Próximamente.

miércoles, 18 de abril de 2012

Crónicas de Aventura. Página 8.

Lo que el Ojo no Ve. Parte 4

El plan había salido según lo previsto. Habían conseguido capturar con vida a dos de los cuatro goblin. Furio tenía ante sí la posibilidad de dar rienda suelta a su mayor divertimento, torturar bichos verdes. La primera respuesta del trasgo estuvo acompañada de un sonoro golpetazo. Furio no se detuvo ante los lamentos y súplicas. Al parecer, uno de los trasgos, de nombre Dagg, sabía como llegar hasta la vieja mina, así que, a modo de amenaza, el guerrero clavó una daga en la cabeza del otro:

-¿Seguro que sabes ir?, ¿no? - Le dijo al asustado Dagg.
-Sssiii- Tartamudeó el trasgo.
-Bien, pues para asegurarme de que no me engañas, te voy a partir la cara un rato.- Terminó diciendo Furio.

Después obtuvieron algo más de información, el Elfo que los comandaba había utilizado magia para castigarlos. Llevaba varios meses en las montañas, donde les estuvo entrenando. El visirtaní que le acompaña, un tal "Tenazas", al parecer tenía la habilidad de hacer hablar a la gente. Purpurio apuntó que seguramente se llevarían muy bien el visirtaní y Furio.

Al parecer, en la vieja mina, había otro campamento donde habría decenas de trasgos, allí llevaban a la gente que secuestraban para hacerla trabajar a la mina, pero desconocía como se estaba envenenando la gente.
Con esta información, partieron camino de la vieja mina, llevaban a Dagg amordazado y atado, serviría de guía. Y quien sabía, si para algo más.

Caía una ligera llovizna mientras avanzaban por el bosque. No tardaron en llegar a la base de las montañas. La ascensión se hacía complicada en algunos puntos, y el suelo embarrado no era de ninguna ayuda. El cansancio acumulado del día se convertía en dolor para las piernas. Auryn sugirió que sería un buen momento para descansar tanto el cuerpo como la mente, y así poder estudiar algún conjuro al día siguiente. Sus compañeros estuvieron de acuerdo.

Por la mañana emprendieron la marcha, tras discutir sobre la manera de avanzar, decidieron que en primer lugar avanzaría el goblin, Furio iría detrás, sujetándolo como si de un perro se tratase, después el mago, acompañado del pequeño zorro, y cerrando la marcha, la arquero elfa. Durante la ascensión, todos tuvieron la sensación de ser observados, así que Furio preguntó al goblin, quien le informó de que más arriba era posible que hubiera algunos vigías que solían preparar emboscadas. El mago quiso dejar libre al pobre Dagg, pero un gesto del guerrero dejó bien claro que esa no era su intención por el momento.

El camino era de piedra enana, cada vez más estrecho. A la izquierda del grupo un escarpado y peligroso talud mantenía al grupo en tensión. Fue el mago quien se percató de un destello metálico decenas de metros más arriba. Ante el peligro de una posible trampa, echaron a correr, al momento, una avalancha de rocas se precipitaba hacía ellos por la ladera de la montaña, el estruendo fue enorme cuando las rocas pasaron justo a espaldas del grupo.

Sin duda, la buena vista del mago, les había salvado la vida, pero frente a ellos, descendían a todo correr cuatro goblins armados con pequeñas lanzas, la Elfa no dudo en disparar su arco, la flecha voló hasta el pecho del goblin más adelantado, cayó al suelo desangrándose, el mago no era tan certero con su ballesta, por lo que apuntó esperando que su objetivo se acercase un poco más, el guerrero tiró con fuerza de la cuerda que sujetaba a Dagg tirándolo al suelo, no quería que escapase con la confusión de la pelea, luego sacó su espada. Los goblins estaban muy cerca, el mago disparó la ballesta, el virote voló en buena dirección, pero el goblin se giró en el último momento y apenas le rozó un brazo. Auryn no encontraba sitio para realizar un buen disparo, así que lo hizo como pudo, pero la flecha se perdió por las montañas. Llegó el primero de los goblin, que se llevo un espadazo del guerrero en el costado, aún así, lanzó un ataque con la lanza, pero el dolor del costado no le permitió estirar lo suficiente el brazo y falló en su intento. Un segundo goblin se lanzó también a por el guerrero, y con algo de suerte, consiguió impactarle en el muslo. La elfa recibió el tercer ataque, sintió un fuerte dolor en el brazo, donde la lanza se le clavaba con fuerza. Apartó el brazo dejando un reguero de sangre, con la otra mano sacó su espada, con un rapidísimo movimiento, la clavó en el vientre del goblin y con una patada, lo lanzó precipicio abajo. Junto a la elfa, el espadón de Furio partía por la mitad a uno de los goblin. Solamente quedaba un enemigo, al ver la situación, se giro preparado para correr, pero la elfa fue nuevamente más rápida y le ensartó por la espalda.

Un par de horas de camino más tarde, consiguieron llegar al campamento trasgo de la vieja mina. Un riachuelo descendía por la montaña paralelo a los edificios que ahora servían de refugio a los goblins. Pudieron ver a un par de ellos subidos en una torreta que en antaño debió de servir a modo de grúa en la mina vigilando la entrada. El resto de goblins parecían estar trabajando y recogiendo el campamento. En un lateral, junto al riachuelo, en toscas jaulas de madera atadas con cuerdas se encontraban los prisioneros, hombres y mujeres separados en diferentes jaulas, desnutridos, enfermos y débiles. Purpurio quiso liberar a Dagg, pero Furio fue firme en su decisión, y no solo no le dejó libre, sino que ante el peligro que suponía mantenerlo con vida, optó por degollarlo.

Tras discutir un plan de actuación, decidieron que el mago haría uso de un poderoso conjuro con el que dormir a los vigías de la torre, no fue complicado, la poderosa magia de Purpurio hizo que los dos trasgos durmieran plácidamente. Acto seguido , ascendió por las escaleras hasta la parte alta de la torre encargándose de eliminar a ambos trasgos. Auryn y Furio se acercaron hasta las jaulas. No había nadie vigilándolas, así que pudieron acercarse sin problemas. Unas cadenas con un gran cerrojo las mantenía cerradas, así que optaron por no internar abrirlas por el momento y obtener información de las personas enjauladas. Al parecer las llaves las tenía un hobgoblin que siempre iba sobre un jabalí, un tal Diente de Lobo. Al parecer los mantenían ocupados excavando, debían de estar buscando algo. Mencionaron el nombre de Garth, en ese momento a Auryn se le iluminó la cara.

-¿Está aquí Garth? - Preguntó. Le señalaron a un viejo Elfo tumbado en la jaula al borde de la muerte.
-¿Y Eburno? - Volvió a preguntar. Pero en este caso, la respuesta fue negativa.
Fue complicado calmarles ante las suplicas de ayuda, querían que les liberasen, temían por sus vidas, pero a Furio le pareció demasiado peligroso. Acercaron a Garth para que pudiesen hablar, y fue él quien les contó la situación.

No había visto a Eburno, le secuestro en su hogar un numeroso grupo de trasgos y lobos, querían conocer el paradero del Ojo, les repitió varias veces que no había tiempo, el Ojo estaba en peligro y debían protegerlo. Quisieron saber que era El Ojo, Garth les dio una rápida respuesta. El ojo fue forjado con un extraño metal caído del cielo en un meteorito, y en esa filatería, residía el alma de un terrible mago llamado Avalazan que se convirtió en liche. El elfo, de nombre Rozzark es quien buscaba El Ojo en la mina, ellos debían encontrarlo antes que Rozzark. Además, les dió las indicaciones de como llegar por un camino secreto hasta El Ojo, una capilla con una puerta secreta junto a la entrada a la mina.

Parte 5.

viernes, 13 de abril de 2012

Crónicas de Aventura. Página 7.

Lo que el Ojo no Ve. Parte 3

La carta que Rainus tenía en la mano le había preocupado, pero no sorprendido. Eburno era uno de los hombres más eficientes de la orden, si no había vuelto, es que sin duda, algo malo había sucedido. Sin duda, Purpurio y Auryn habían demostrado que pese a sus pequeños errores, tenía un gran potencial, pero no quería arriesgarse. Furio había despertado, parecía recuperado, quizás unos brazos fuertes y una espada afilada pudiera venirles bien, así que envió al guerrero hasta Marvalar.

Tras varios días de viaje, alcanzó la gran capital del reino. En la entrada, los guardias le comunicaron que sus compañeros habían partido hacia un pueblo cercano, llamado Castamir. Recorrió el camino de la costa, tomó el desvío a través del bosque llegando hasta el ahora, desértico pueblo. Las casas habían sido abandonadas, animales muertos por los alrededores... solamente quedaban varios sacerdotes adoradores del Hacedor quienes le indicaron el camino a seguir, debía caminar hasta Rocagris, donde llegó al final del día. Allí encontró a sus compañeros, Auryn, Purpurio y Morden quienes le contaron lo que estaba sucediendo.

Furio había pasado mucho tiempo en coma, así que no dudo en comenzar a organizar al grupo. Casi antes de que terminaran de contarle todo lo sucedido, su mente comenzó maquinar y sugirió un plan. Crear una caravana falsa utilizando a varios enfermos de Castamir para atraer a los trasgos y así poder seguirlos hasta el campamento. A la mañana siguiente, consiguieron que varios jóvenes de Castamir les ayudasen, incluso consiguieron llevar en las carretas varios cadáveres sin familia. La improvisada caravana partió desde Rocagris, caminando con lentitud y haciendo el suficiente ruido como para ser detectados, lo que no tardó en ocurrir. Varios trasgos montados en lobos surgieron de la espesura. Los jóvenes ya preparados, echaron a correr y en un abrir u cerrar de ojos, los trasgos convirtieron en cenizas la falsa caravana. Los jóvenes de Castamir pudieron huir, y Auryn, Purpurio y Furio, consiguieron seguir el rastro de los trasgos hasta la nueva ubicación del campamento.

Una vez allí, decidieron esperar y conocer los movimientos de los trasgos, necesitaban saber que hacían con las personas que secuestraban y como envenenaban a la gente. Vieron entrar y salir varias patrullas de trasgos. También vieron como cuando se aburrían, golpeaban a las personas que estaban en las jaulas. Dudaban como actuar, pero lo que el mago y el guerrero dejaron claro, es que debían de torturar a uno de esos malditos trasgos.

Durante la noche, llegó un nuevo grupo de trasgos junto con sus lobos. Separaron a 10 personas entre gritos y lamentos, les ataron entre ellas, y salieron del campamento. Los aventureros les siguieron, pero no se percataron de un trasgo que salió más tarde desde el campamento y consiguió descubrirlos y dar la voz de alarma. El mago con un hechizo durmió a los atacantes, agarraron al trasgo y se fueron tan rápido como pudieron.

Hasta sus oídos les llegó una hermosa melodía, siguieron el sonido hasta un pequeño claro donde una driada tocaba la melodía junto a un lobo, bajo un enfermo abedul. La hermosa criatura les contó que algo había hecho enfermar el anciano árbol, así como a los animales del bosque. La driada hechizó con su voz al trasgo que traía el grupo, y pudieron sacarle algo de información. Al parecer secuestraban a los humanos para llevarlos a la vieja mina en las montañas. La eminencia, un Elfo, parecía estar al mando del clan de los trasgos liderados por el Hobgobling Diente de Lobo. Al Elfo le acompañaba un Visirtaní de nombre "tenazas". El trasgo no conocía la ubicación de la vieja mina. Así que optaron por volver al monasterio de Rocagris.

Mientras volvían, se encontraron con un pequeño zorro que estaba atrapado en un cepo. El mago abrió el cepo con la ayuda de la elfa, le dió algo de comer y le bautizó al zorro con el nombre de Swift. Siguieron hacia su destino, seguidos por el pequeño zorro, Swift.

Cuando llegaron al campamento anexo a Rocagris, una pequeña niña se acercó hasta Purpurio, tras acariciar al zorro que seguía al mago, la pequeña pidió al mago que salvase a su padre, los trasgos le mantenían secuestrado, se llamaba Edgar. Purpurio, prometió a la pequeña niña que rescataría a su padre. Hablaron con la hermana Nalha y las gentes de Castamir, pero nadie conocía la vieja mina. Así que decidieron volver hasta el claro donde encontraron a la driada, de nombre Dendora para hablar con ella, pero no pudieron encontrar respuestas.

Decidieron volver a buscar el campamento de los trasgos. De camino por el bosque vieron una pequeña columna de humo que salía a unos 200 metros. Descubrieron a cuatro trasgos alrededor de una pequeña hoguera. Purpurio apuntó su ballesta con calma, Furio hizo lo propio, Auryn, la elfa, tensó su arco. El virote del mago se clavó en la yugular de uno de los trasgos que cayó desangrándose, Furio impactó en el brazo de uno de los trasgos, y Auryn simplemente le paso rozando la pierna a otro. Ante el ataque, los trasgos se levantaron e intentaron huir, el mago se lanzó a todo correr sobre uno de los trasgo aprensandole contra el suelo, Siwft, el pequeño zorro mordía el tobillo del trasgo, Furio corría gritando a los trasgos palabras de muerte y destrucción mientras atravesaba la espalda de uno de sus enemigos y Auryn disparaba su arco sin parar. En un momento tenían la situación bajo control.
parte 4

martes, 3 de abril de 2012

Crónicas de aventura. Página 6.

Lo que el Ojo no Ve. Parte 2

Morden estaba ya bastante cansado y se alegró al ver en el horizonte la gran ciudad. Purpurio, sin embargo, estaba bastante preocupado. La nota indicaba que debían seguir la ruta hasta Marvalar, no llegar hasta la ciudad, y no habían encontrado ningún rastro. Era ya tarde, y la puerta Norte estaba cerrada, por lo que tuvieron que caminar hasta la puerta Este, donde había una larga cola de comerciantes que esperaban para poder entrar, mientras el centurión despachaba las licencias de ventas.

De pronto, un rumor se elevó entre los comerciantes, por el camino hacia la puerta galopaba a toda velocidad un caballo desbocado. Iba en dirección de la entrada, repleta de gente, en un momento, comenzaron a mover cestos, el mago y la elfa ayudaron a mover un carro, el caballo estaba ya a pocos metros de la puerta cuando una niña salió a recoger un cestillo que se le había caído. Purpurio y Auryn no dudaron en lanzarse a por ella, el mago fue el primero en llegar y consiguió quitarla de en medio, Auryn, que no había visto a Purpurio, se detuve quedando justo frente al caballo desbocado que le propinó tal golpe que casi le rompe una costilla.

Consiguieron calmar al caballo en medio de la plaza, el centurión de la guardia bajó a un niño del caballo, tenía una flecha en el hombro, sin duda, de manufactura trasgoide. Entre delirios, el niño con aspecto enfermo, alza su mano:

-La caravana de Castamir... Papa, quiero quedarme contigo.

El centurión mandó a unos soldados a por caballos, había gente de la Marca en peligro. Purpurio y Auryn les acompañaron, Morden, prefirió quedarse en la ciudad, cuidando de la paloma mensajera.
Cabalgaron por el Camino de la Costa bordeando el Bosque Real para tomar poco después el desvio hacia Castamir. El camino era muy estrecho, cabalgaban en fila cuando pudieron ver varias carretas aparecer por el camino, y entre los árboles, varios trasgos montados en enormes lobos persiguiendo las carretas. Se dispusieron paralelos a las carretas llenas de gente. Purpurio, consiguió ejecutar un hechizo a pesar de ir en caballo, consiguiendo dormir a varios trasgos que cayeron de sus monturas, Auryn luchó con varios de ellos que trataban de subir y detener las carretas. Las flechas volaban desde el bosque en todas direcciones, las gentes de Castamir gritaban, el centurion no dejaba de dar órdenes a sus hombres mientras espada en mano, luchaban por proteger a los ciudadanos de la Marca. Cuando consiguieron salir del bosque, los trasgos no los siguieron. Habían conseguido salvar la caravana.

Ya de vuelta en Marvalar, el centurion hizo pasar a Purpurio y Auryn al interior de una de las torres de la barbacana para agradecerles su ayuda. Al momento, entró el conductor de una de las carretas presentándose como Falkgard Kaveath, burgomaestre de Castamir (y noble de confianza de la reina). Quien además de agradecerles su ayuda, les contó los extraños sucesos acaecidos en Castamir en las últimas semanas:
-Los trasgos habían comenzado a atacar las granjas durante la noche, y llevarse gente. Han desaparecido docenas de personas, además, los trasgos son muy disciplinados, e incluso llevan un estandarte con el símbolo de una daga clavada en un ojo.- Contaba Falkgard con tono triste.
-Y por si fuera poco, desapareció la pesca y el ganado comenzó a morir, y luego... la maldición... La gente empezó a sufrir ataques, locura, ceguera, y finalmente, la muerte. Muchos decidimos volver en esta caravana, otros, han ido al monasterio de Rocagris.

Después de su narración, el burgomaestre de Castamir, pidió a Purpurio y Auryn que investigasen lo sucedido, serían bien recompensados por ello.

Pasaron la noche descansando, Auryn se pudo recuperar del golpe del caballo, pero la costilla seguía doliendo. Por la mañana temprano, pusieron rumbo Castamir, acompañados por Morden. Cuando llegaron a Castamir, se encontraron con unos bandidos saqueadores de granjas que habían capturado a una niña de unos 12 años, con un simple gesto y unas palabras, el hechizo de Purpurio hizo dormir a los bandidos. Rescataron a la niña quien tenía evidentes síntomas de alguna enfermedad. La ciudad era un pueblo fantasma. El hedor a muerte inundaba las calles. Se encontraron con varios monjes del Hacedor, recogiendo los cuerpos de los fallecidos que llevaban al cementerio. Allí, uno de los monjes examinó a la niña, aconsejando que terminasen con su sufrimiento cuanto antes, pero Purpurio se negó rotundamente.

Decidieron ir hasta el monasterio de Rocagris. Cuando llegaron pudieron ver que al monasterio original se le habían añadido varios edificios más, y todo rodeado de una alta muralla exterior dándole un aspecto de fortaleza. En la explanada frente al camino encontraron decenas de tiendas de campaña improvisadas. Pequeños corrillos de refugiados enfermos y con aspecto ausente trataban de entrar en calor junto a pequeñas hogueras. Al llegar, conocieron a la hermana Nalha, quien se ocupó de poner en una improvisada cama a la pequeña niña enferma que los aventureros habían rescatado en Castamir. Ella misma les informó de que el prior Bigar no permitía la entrada de nadie en el monasterio, para que no entrara la maldición. Aunque ella había conseguido convencerle para permitir que los más enfermos pudieran descansar en el hospital del monasterio.

Mientras hablaban con ella, llegó un joven que se había escapado del campamento trasgo donde le tenían secuestrado, por la descripción, Nalha adivinó el lugar y dibujó un mapa. Cuando Purpurio, Auryn y Morden se preparaban para irse, una joven con una cota de cuero y una espada se les acercó. No parecía tan enferma como el resto, y les pidió ir con ellos en busca de los secuestrados por los trasgos, y ellos, aceptaron encantados.

Partieron en busca del campamento trasgo. Gracias a las indicaciones, no les fue difícil encontrarlo. Varias tiendas pequeñas, junto a un par de tiendas grandes rodeaban un fuego donde se calentaban varios trasgos. En un costado atados, descansaban los enormes lobos de los trasgos, y muy cerca de ellos, los habitantes secuestrados de Castamir estaban enjaulados. Purpurio y Auryn dispararon sus flechas hacia los trasgos de la hoguera. Consiguieron herir a un dos de ellos, dieron la alarma, y en poco tiempo, todo el campamento estaba repleto de trasgos. Así que el grupo, tuvo que huir de vuelta al monasterio.

parte 3

jueves, 1 de marzo de 2012

Crónicas de Aventura. Página 5.

Lo que el Ojo no Ve. Parte 1

Llevaban diez días encerrados en la biblioteca del Enclave. Auryn, Purpurio, Morden y Frey se habían pasado los últimos días copiando libros sobre la producción de cereales por orden de Rainus. No quería que salieran a las calles de Robleda tras los últimos acontecimientos. La muerte del templario de Velex había hecho crecer los rumores, todos inciertos, sobre la Orden del Libro.

Pero por fin, Rainus levantó el castigo. Era día de mercado en Robleda. Llegaban gentes de lugares lejanos, Enanos de Moru con joyas, gemas, piezas de oro... Desde Visirtán traían telas y ropas suaves y de preciosos colores. Aunque en día de mercado, Auryn y Purpurio solían disfrutar con su amigo Furio de unas partidas al juego de dados, "Navio, capitán, tripulación", sin embargo, esta vez deberían hacerlo solos, Furio aún no estaba recuperado.

Se sentaron en una de las mesas de Los Gamos, la posada regentada por Marcus Delagua. A la partida se unieron Ravad, un visirtaní vendedor de telas que había venido al mercado, y Palin, un monaguillo de Robleda que ayudaba a limpiar la iglesia de Velex.

Purpurio y Auryn ganaron varias ronda, pero de pronto, varios templarios de Velex irrumpieron en la posada, seguidos de Hextadomarius. Agarraron de los pelos al joven Palin arrastrándolo hasta situarlo ante el Clérigo Supremo, quien en plena posada, sacó su látigo y comenzó a castigar al pobre muchacho ante la atenta mirada de los asistentes. Al finalizar, Purpurio le hizo algunos comentario sarcásticos al clérigo y sus acompañantes, pero Hextadomarius respondió a sus hombres:

-Tranquilos, ya acabaremos con ellos.


Nadie más quiso jugar con la elfa y el mago, así que decidieron volver al Enclave, no sin antes llamar "gentuza" a los presentes.

Rainus hizo llamar a Purpurio, Morden y Auryn. Estaba preocupado, Eburno había salido hacía días en un viaje hasta las lindes del Bosque Viejo, donde vivía Garth, un elfo con grandes habilidades alquímicas y una casita llena de extraños ingredientes difíciles de conseguir, pero aún no había regresado con el antídoto para Furio. Si bien, ya no era necesario el antídoto, estaba preocupado por su tardanza. Por ello mandó a los tres a buscar a Eburno. Morden, que ya conocía el lugar donde se situaba la casita de Garth, llevaría un par de palomas mensajeras, Rainus quería estar informado en la medida de lo posible.

Salieron de Robleda por la puerta Este, durante varias jornadas siguieron el camino de Sendaelfo, apenas un sendero en algunos tramos. Apesar de los aullidos de los lobos durante la noche, no tuvieron ningún contratiempo, hasta que se acercaron al Bosque de las Arañas. Desconocían si había sido el constructor del camino quien lo había arrimado demasiado al bosque, o había sido el propio bosque el que con el paso de los años, había ido acercándose al camino. Desde una colina pudieron ver como el camino se unía a las lindes del bosque, por lo que decidieron caminar campo a través separándose del camino, pero aún así, no consiguieron alejarse demasiado del bosque, y unas grandes arañas salieron en su busca, pero consiguieron huir.

Finalmente llegaron hasta el hogar del elfo Garth. Seguramente había sido una bonita casita alejada de la civilización, pero cuando llegaron, la casa estaba totalmente calcinada. Junto a ella, los cuerpos de varios trasgos también calcinados junto a un árbol, ante la entrada, otro trasgo convertido en piedra, y un poco más alejados, los cadáveres de otros tantos trasgos con aparentes signos de quemaduras por rayos eléctricos. Entre ellos, encontraron una nota con un extraño símbolo, un ojo atravesado por una daga, en la que solo pudieron leer: "Capturar vivo... Ruta hacia Marvalar."

Morden envió una paloma al Enclave comunicando el descubrimiento, así como que tomarían la ruta hacia la capital del reino, Marvalar, esperando encontrar a Eburno. La ruta hacia Marvalar seguía paralela al rio El Draco. Tras varias jornadas sin incidentes, llegaron a la Fortaleza del Vado donde pudieron comprar raciones de viaje y dormir en una buena cama. A la mañana siguiente siguieron su viaje sin descubrir ningún indicio del paradero de Eburno ni el elfo Garth, hasta que llegaron a la grandiosa capital, Marvalar. Parte 2